23 de septiembre: Tristeza y alegría

Por Bienvenido Scharboy

MuralSANTO DOMINGO. En el año 1990, cerca de la una de la tarde de un domingo 23 de septiembre, me estremeció la lamentable noticia que daba cuenta que en el que era, en ese entonces, el local de la Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER), en el viejo local del Marión, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), había ocurrido una explosión en la que murieron dos dirigentes de esa organización estudiantil y dos más habían resultado heridos.

En efecto, como consecuencia de esa explosión murió el legendario dirigente estudiantil, Eduardo Mármol y Jorge Oviedo García y además fueron internados con quemaduras y heridas de gravedad, Ayanes (Ayanis para nosotros) De Frank y Víctor Rodríguez.

Ayanis murió en horas de la mañana de lunes 24 de septiembre, fecha en que se cumple el asesinato del inmortal Amín Abel Hasbún y Víctor sobrevivió después de ser sometido a varias intervenciones quirúrgicas y actualmente vive en los Estados Unidos.

La lamentable tragedia ocurrió en momentos en que organizaciones políticas, populares y sindicales preparaban una huelga general en demanda de que el dictador Joaquín Balaguer abandonara el poder, pues, iba a ser juramentado de nuevo como Presidente de la República, el 16 de agosto, fruto de otro fraude electoral, esta vez contra el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y su candidato presidencial, el profesor Juan Bosch.

No quiero en este momento valorar las circunstancias en que murieron estas tres glorias del movimiento estudiantil, las cuales nunca fueron aclaradas, porque incluso se habló de un posible atentado. Más bien, a 23 años de este infausto acontecimiento, quiero recordar a estos tres mártires estudiantiles y de la UNER en particular, simplemente con una exhortación a la juventud a seguir su ejemplo de lucha por una sociedad más justa y equitativa.

Sin menosprecio de los demás, en especial quiero recordar a Ayanis, con el que más acercamiento tuve, y por eso en su honor le puse el nombre Ayanis Jesús, a mi hijo que hoy también cumple 23 años, y día en el cual esta tragedia me quitó la felicidad, que le da a un padre el nacimiento de un hijo o hija.

Desde el 23 de septiembre de 1990, he amanecido en esa fecha, entre el dolor y la tristeza de recordar a estos amigos fallecidos en la lucha por una mejor nación y la alegría de que mi “Papote” cumple un año más de vida.

También, Ayanis lleva Jesús en su nombre, porque cinco días después de la muerte de los dirigentes de la UNER, tropas del Ejército y la Policía Nacional fusilaron en una comunidad de Salcedo, al dirigente comunitario y del Movimiento Popular Dominicano (MPD), Jesús Rafael Diplán Martínez, con quien me enorgullece el haber compartido grandes jornadas de lucha mientras fuimos dirigentes del Frente Estudiantil de Liberación Amín Abel (FELABEL).

En mi vida cotidiana siempre he tratado de ser fiel al ejemplo de mis hermanos/as y ex compañeros/as caídos y no traicionar su legado; independiente de los sacrificios; aunque, como siempre he dicho, vivimos en una sociedad en la que “la lealtad a los principios es un delito y la traición una virtud”.

Quería compartir esta reflexión como una forma de no borrar de nuestra memoria histórica este acontecimiento que conmovió a los amigos y amigas de Eduardo, Jorge y Ayanis y a toda la sociedad dominicana.

*Publicado en http://www.eldia.com.do, en el 2011, sólo cambié la cantidad de años que se cumplen. Mi convalecencia por el accidente me impidió volver a escribir.

Un comentario

  1. Bienvenido, recojo tus palabras escritas, las rubricos y las hago mias, ya lo sabes, esa que es tu opinión no es sólo tuya, es mia también y, lo más importante es de todo el pueblo por el que esos hijos distinguidos y valientes entregaron sus útiles vidas. He destacado la la cualidad que tú ha practicado siempre, solidarizarte con los revolucionarios, con los héroes aunque estos no hayan pertenecido a la organización que te alvergó políticamente.

    Ojalá y todos seamos así porque todavía estamos a tiempo de unirnos y hacer que se sienta la solidaridad de todos y todas los y las que se sacrifican a cambio, sólo, por el bien común como lo hicieron los tres hermanos de la UNER y el compañero Jesús rafael Diplán Martínez.

    No todo está perdido, la patria está esperanzada y su espera será recompensada más temprano que tarde por nosotros, la calma no es sinónimo de tranquilidad, a cada instante nuestras mentes revolucionan a mil kilómetros por hora, sólo, porque no podemos fallarle ni a Duarte, ni a María Trinidad Sánchez, ni a Efraín Ortíz (El Chino), ni a Jesús Diplán y, porque no podemos fallarle a la patria.

    La aurora vendrá, el sueño turbio pasará, el vértigo será vencido, nos reunificaremos y renacerá la utopí, pero esta vez, convertoida en realidad.Gloria eterna y que Dios lo tenga en buen sitio.

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