El crecimiento de la tasa de embarazo en adolescentes en República Dominicana

Hugo Cedeño.
Hugo Cedeño.
El gobierno debe saber muy bien lo que hay que hacer pero no actúa.

Por Hugo Cedeño
hco2245@gmail.com

SANTO DOMINGO. Cuando de los empobrecidos se trata las autoridades nacionales son muy dadas a las disquisiciones teóricas y abstractas. Les cuesta trabajo voltear hacia abajo y ver la realidad como tal.

Por ejemplo, viven quejándose de la alta tasa de embarazos entre adolescentes en República Dominicana. Pero evitan irse al fondo del problema, sabiendo cuáles son los elementos causales. Y no es por ignorancia, estudiosos de la temática tienen por montones. Muchos «asesores y expertos», nacionales e internacionales, a los que pagan en dólares o euros.

Lo que significa que las autoridades saben muy bien que el crecimiento de la tasa de natalidad entre adolescentes tiene que ver con la falta de inversiones reales, constantes y sonantes, en programas sociales que toquen la raíz del problema.

Cuando a las adolescentes se les ofrece un futuro cercano lleno de oportunidades laborales estables tienden a posponer el embarazo y/o a buscar métodos anti conceptivos seguros. Un trabajo fijo y bien pago eleva el auto estima de cualquier ser humano que vive de su sudor. Lo contrario empequeñece y baja la moral. Y más si es joven.

Así lo confirma Rogelio Sáenz, sociólogo y demógrafo de la facultad de Política Pública de la Universidad de Texas, cuando estudió las razones que llevan a que entre las adolescentes latinas y negras de Estados Unidos la tasa de natalidad fuera mayor que la de otros grupos étnicos. Naturalmente, sobre las comunidades latinas y negras respectivamente recae la mayor tasa de desempleo y pobreza.

En nuestro país el desempleo juvenil está por encima del 40 por ciento y la deserción estudiantil es alarmante. Más de 700 mil jóvenes son «nini». Ni estudian ni trabajan.

Esa es la realidad objetiva a la que las adolescentes se van a enfrentar. Tan dura y cruel que provoca pérdida de perspectivas. Catalizada por un mercado capitalista que llama a consumir y comprar para poder ser parte de la sociedad y no del mundo de los excluidos.

Esa compra y venta que convierte en mercancía hasta la inocencia, hasta tal punto que nuestros hijos e hijas, nietas y nietos son valorizados por otros niños y niñas donde estudian por el tamaño y valor del auto en el que sus padres van a llevarlos y buscarlos.

Entonces, qué hay que hacer, si de verdad quieren enfrentar el problema?
Hablar poco y hacer mucho. Buscar dinero para invertir en crear empleos, desarrollar la producción, elevar la educación sexual en base al conocimiento científico y el uso de métodos anti conceptivos gratuitos y de calidad, garantizar un entorno familiar y educativo seguro y estable.

Elaborar un plan de actividades recreativas, deportivas y culturales de fácil acceso para la juventud y humanizar nuestros barrios populares y comunidades para hacer de los mismos un escenario confiable y productivo en donde sus pobladores se sientan protegidos.

Democratizar el debate integrando a la juventud, la familia, los maestros y maestras, estudiantes, vecinos y comunidades y que el tema deje de ser un «asunto para expertos». Pero estoy seguro que el gobierno únicamente ve la tasa de embarazo entre adolescentes desde el punto de vista estadístico. Solo le interesa cuántos recursos consumen las adolescentes embarazadas en los hospitales públicos y qué cantidad de medicamentos hay que suministrarles. Todo eso en pesos dominicanos. Si de verdad le importara, desde el ángulo familiar, emocional, sanitario, social, hace tiempo que haría lo posible por enfrentar sus causas.

Y que no vaya el gobierno a lavarse las manos como lo hace frente a la Resolución 0168-13 del Tribunal Constitucional dominicano y otros asuntos de estado.

El Poder Ejecutivo es el que propone la política frente a todos y cada uno de los asuntos nacionales e internacionales y asigna los mecanismos y recursos para ejecutarla.

Está en el deber de diseñar una política de Estado frente a los factores que llevan a que nuestro país esté en los primeros lugares en embarazos entre adolescentes.

No es el Ministerio de Salud, ni el de la Mujer, ni el de la Juventud, ni el de Educación, es responsabilidad del presidente «amarrar el toro por los cuernos» y mandar a sus funcionarios a que actúen de acuerdo a la política de estado y no a improvisar medidas que solo sirven para publicitarse en la prensa.

Una política de estado está acompañada de recursos y como el gobierno dice que hay déficit fiscal, debe recortar por algún lado para buscarlos, como podría ser, dedicar menos dólares al pago de la deuda pública, eliminar el financiamiento de los partidos políticos, poner un tope salarial a los funcionarios, eliminar los privilegios fiscales a los empresarios, las iglesias, universidades y colegios privados y sobre todo, elevar la tasa impositiva a las enormes ganancias del sector financiero y especulativo, así como a las grandes extensiones de terrenos baldíos urbanos y rurales, recuperar el dinero que se han robado algunos funcionarios de los distintos gobiernos y usar los recursos y bienes confiscados a los capos del narcotráfico para invertirlos en un plan que asegure empleos a la juventud. Porque no sólo de formación y buenos consejos vive el hombre.

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