Síntesis de cuatro momentos de inflexión política y la actitud de la Izquierda dominicana

19 junio, 2014 at 11:02 1 comentario

(Opiniones ya dichas, otras no dichas, y en todo caso para ayudar a la reflexión crítica sobre el quehacer en este momento)

Por Manuel Salazar
Secretario general del Partido Comunista del Trabajo (PCT)

“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal….Carlos Marx, en el 18 Brumario de Luis Bonaparte)

Manuel Salazar, secretario general del PCT.

Manuel Salazar, secretario general del PCT.

Hay coyunturas y coyunturas, y por ende, hay elecciones nacionales con desafíos y tareas diferentes. Siempre, siempre, las coyunturas deben ser evaluadas en concreto, destacando todas sus implicaciones y contradicciones; pero relievando lo principal, lo que las hace singulares.

Así hay elecciones nacionales. Las de 1982, 1986, fueron unas elecciones sin mayores implicaciones históricas; lo que resultara de la competencia entre las principales fuerzas del sistema de entonces, el PRD y el PRSC, no presentaba ningún peligro histórico, ni posibilidad especial de mejoría del pueblo. En ambas elecciones eran insignificantes la posibilidad de regreso a la represión balaguerista de los 12 años, y lo propio respecto a las perspectivas de un avance político y social con el PRD.

Las del 2000 y posiblemente las del 2004, eran por igual elecciones corrientes.

Porque en 1978 se abrió un espacio más o menos estable de tolerancia política y de predominio de las libertades públicas, resultado de muchas luchas populares, con un amplio consenso en la opinión pública y coincidente con los coletazos finales del nivel más álgido de la guerra fría que motivó a regímenes autoritarios en América Latina y no resultaría fácil volver al ambiente político de los 12 años.

En 1978 y subsiguientes hasta 1982, también se disiparon las posibilidades de una reforma política avanzada que contara con un papel importante del PRD, porque su falta de vocación para eso era evidente y dio muestras de que no iría más allá de la derogación de las leyes anticomunistas, permitir el regreso de los exiliados y corresponder a la exigencia de la libertad de los presos políticos, pasos positivos sin dudas; pero insuficientes para dar al traste con lo que había ocurrido en el régimen político desde 1930 cuando llegó Trujillo al poder; o sería mejor decir desde 1916, año de la intervención militar de los Estados Unidos de Norteamérica que habilitó la instauración de la dictadura trujillista.

La izquierda y los grupos populares tampoco tuvimos la visión de reclamar una reforma democrática del Estado; aunque si reclamamos, y mucho, reivindicaciones sociales.

Fafa Taveras tuvo el buen juicio de plantear la Refundación de la República, pero esa propuesta se quedó en el terreno de la opinión; no fue debatida como correspondía y mucho menos se convirtió en bandera en los reclamos del movimiento.

Así es que las elecciones de 1982 y 1986 no eran histórica, ni política ni socialmente singulares. Igual no lo fueron las del 2000, ni las del 2004. Eran unas más. En esas circunstancias era entendible y correcto que la Izquierda fijara su propio perfil; lo que pudo lograr con un poco más de juicio en materia de banderas programáticas y de esfuerzo unitario entre sus franjas, aprovechando el desencanto que en importantes segmentos sociales dejaban los gobiernos del PRD.

Si la Izquierda hubiera sido concreta en ese momento, en el sentido leninista del análisis concreto de la situación concreta (*), es posible que el PLD no hubiera ganado el espacio político que comenzó a mostrar justo en ese lapso de tiempo y que apoyado en sus propias fuerzas e iniciativas políticas llegaría a su tope máximo en 1990.

La posibilidad más significativa de la izquierda para convertirse en “la tercera fuerza” que ahora se reivindica, la tuvo, excepción hecha de 1962- 1965, en el período desperdiciado entre 1978- 1986. En estos años hubo una posibilidad truncada de acuerdo entre varias franjas de izquierda que, además de los elementos de personalidad de una parte de las figuras emblemáticas concernidas, la diferencia entre “el programa socialista” y el “democrático- patriótico”, se convirtió en el obstáculo proclamado a la unidad.

Como hecho simpático de esta experiencia, hay que destacar que cuando se comparan ambos programas, resulta que el “democrático- popular” era más radical que el proclamado socialista.

Lo agravante de ese hecho es que en ese momento la Izquierda contaba con importantes vínculos con los trabajadores y el pueblo y gozaba de un amplio reconocimiento. La Unión Patriótica, UPA, por ejemplo, mostraba enormes posibilidades de desarrollo orgánico y político.

Lo que ha seguido después es un multiplicador de la división y la atomización de la izquierda en la que algunas de las mentalidades que precisamente más han contribuido a esos malestares, se atrincheran ahora en la impolítica, con posiciones pretendidamente radicales y moralistas, para obstruir la posibilidad de que la Izquierda sea concreta (*), procure romper el cerco y reposicionarse de nuevo en la vida nacional.

Como en el pasado, persisten en marchar en contravía a lo que aconsejan las circunstancias. Cincuenta años atrás, se les podía excusar de estar afectados de la enfermedad infantil del izquierdismo, porque el movimiento revolucionario dominicano no tenía la madurez teórica e histórica para abordar las circunstancias con la racionalidad requerida. Pero, que acusen hoy el mismo malestar, se les puede diagnosticar de la enfermedad senil del izquierdismo.

1.- Las elecciones de 1962.

Las de 1962 fueron unas elecciones de características especiales; eran las primeras en 31 años, porque durante la dictadura de Trujillo era impensable participar en unas elecciones. El pueblo quería votar, y más importante que esto, necesitaba y buscaba afiliarse de alguna manera, o expresar sus simpatías, en un partido u organización política.

Uno de los elementos característicos, uno entre varios, de la coyuntura concreta tras la caída de la dictadura era precisamente la emergencia de las masas populares de las áreas urbanas, a la lucha social y política, reclamando espacios en la distribución de la riqueza y reivindicaciones políticas como la democracia y un régimen de derechos.

Disputar la influencia en esas masas era lo más concreto del momento; y la izquierda, el 14 de Junio, principalmente, tenía la influencia y un líder nacional en desarrollo, el de Manolo Tavárez, con los que podía pelear con garantía de cierto éxito la influencia en esas masas. El espacio principal para esa disputa era el de la lucha electoral; en alianza con el PRD y Bosch, o con candidaturas propias. El 14 de Junio tenía ya identidad propia, de símbolos, discurso político y de rostros, y podía darse una política de compromiso electoral sin el riesgo de desdibujarse; pero por lo mismo, también podía presentar una opción electoral entre el PRD y la Unión Cívica Nacional, y ganar una representación importante a nivel del congreso nacional y de los ayuntamientos que sería plataforma para su ulterior desarrollo como fuerza política beligerante en busca de ganar el gobierno central en el futuro. Lo pertinente era entrar a la disputa electoral.

Porque con la caída de Trujillo el 30 de mayo de 1961, perdió subjetividad la posibilidad de una insurrección militar para derrocarlo. Ese hecho alejó las condiciones políticas del país de aquellas que aprovecharon Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio en la Cuba dirigida por la dictadura de Fulgencio Batista.

El 14 de Junio decidió abstenerse de participar en las elecciones, y dejó el espacio para que las mayorías del pueblo optaran por el PRD o por la UCN. El 20 de diciembre, fecha de las primeras elecciones después de 31 años de dictadura trujillista, 628 mil 44 dominicanos y dominicanas votaron por el PRD y el profesor Juan Bosch, el 60% de los votos emitidos; mientras que 317 mil 327 lo hicieron por la UCN y Viriato Fiallo, el 30% del total emitidos.

¡Dos partidos obtuvieron el 90% de los votos y el restante 10% se distribuyó entre los demás participantes y los votos nulos!.

Desde entonces, con la excepción del período en que el PLD comienza a emerger como tercera fuerza, 1986 y el inicio de la bancarrota del Partido Reformista Socialcristiano en 1996, dos partidos obtienen entre el 95- 98 % de los votos emitidos. Este es un hecho que debe ser analizado en concreto por todo militante político que se proponga incidir en los procesos electorales.

El 20 de septiembre de 1963 daría inicio una huelga general contra el gobierno electo en aquellas elecciones, que crearía las condiciones para que el día 25 los militares se levantaran en armas y dispusieran del mismo, que solo tendría siete meses de duración.

En respuesta a ese golpe de Estado, el 14 de Junio organizó un levantamiento guerrillero en noviembre de aquel mismo año, el cual fue liquidado militarmente, asesinando el ejército por fusilamiento a la mayoría de los participantes, entre ellos al líder popular de más alto reconocimiento de esos días, el Dr. Manolo Tavárez Justo.

El 14 de Junio se resistió a participar en las elecciones de 1962, pero se alzó en armas para defender el gobierno que surgió de esas elecciones.

Frente al hecho, solo cabe que nos inclinemos reverentes ante la memoria y gloria de Manolo y sus compañeros. No cabe imputarles la palabra error. Porque, el movimiento no tenía madurez histórica ni teórica para hacer otra lectura. Lo que si tenía era mucha dignidad y coraje para proponerse hacer lo que hizo. Un estudio detenido y desprejuiciado de la obra Manolo: 50 años después, escrita por el camarada Rafael Chaljub Mejía, podría aportar un contexto más preciso para entender esta afirmación.

Pero a los más encumbrados seguidores de entonces de Manolo, y partícipes de aquel hecho infausto, si cabe pedirles que desde la experiencia que debe ser destacada 50 años después, hagan lecturas más apropiadas de los momentos políticos.

2.- La coyuntura de 1978.

Las elecciones del 16 de mayo de 1978, o más propiamente, la coyuntura que se formó entre 1973- 1978, permitía a la izquierda una inserción de masas en la misma, con propósitos de conquistar reformas políticas avanzadas. Pero no lo hizo.

En 1974, los emepedeístas participamos en el Acuerdo de Santiago con el PRD liderado por el Dr. Peña Gómez, y con otras fuerzas políticas de derecha, entre estas el Partido Qusiqueyano Demócrata, PQD y el Partido Revolucionario Social Cristiano, PRSC.

Ese pacto dominó la opinión y movilización opositoras al régimen de Balaguer, y en buena medida se sobrepuso a los efectos de la división que el profesor Bosch había llevado meses atrás en el PRD y que continuaría creando el Bloque de la Dignidad Nacional junto a otras organizaciones.

Abre un paréntesis. Bosch salió del PRD junto a unos cuantos seguidores, y aunque no logró mucha fuerza, se trató de una división al principal partido de la oposición a Balaguer. Creó al PLD y con este se propuso construir el Bloque de la Dignidad Nacional junto a otros grupos, con lo que también dividía la oposición a Balaguer cuyas principales fuerzas se conglomeraban en el Acuerdo de Santiago. La división fue uno, no el único, pero uno importante, entre los factores que permitieron que Balaguer se quedara en el gobierno tras las elecciones de 1974. Cierra el paréntesis.

En el Acuerdo de Santiago, los del MPD nos dimos un baño de pueblo, en el que exhibimos nuestras banderas y reclamos políticos inmediatos: la libertad para los presos políticos, el regreso de los exiliados. Crecimos orgánica y políticamente.

Pero no fuimos coherentes con lo acumulado en esas relaciones y manifestaciones y en 1978 llamamos a no votar.

El elemento más relevante y que le daba singularidad a esas elecciones era el deseo manifiestamente demostrado de la mayoría del pueblo de salir de la dictadura balaguerista de los 12 años, y conquistar la libertad política y los derechos democráticos. La conquista de un espacio de tolerancia política era la cuestión principal del momento y el negador de la misma era Balaguer y su gobierno. Con la excepción de una, la mayoría de la militancia de izquierda y sus partidos estaba en la clandestinidad, perseguida buena parte, otra en las cárceles y en el exilio.

Para que los jóvenes de ahora tengan una idea mínima de la represión predominante en ese tiempo, baste que le diga que el uniforme de los liceos públicos era para la policía y sus calieses un símbolo del comunismo por el que se podía ir a la cárcel, y los y las jóvenes evitábamos inscribir en la cédula nuestra condición de “estudiante”, porque ese podía ser un pasaporte a la “chirola”.

Terminar con la represión del gobierno y conquistar la libertad política era la cuestión principal ante la que debía definirse la izquierda. La derrota electoral del balaguerismo era la posibilidad de aquella conquista, y el PRD era la fuerza que podía hacer posible el triunfo sobre Balaguer y sus secuaces.

En febrero de 1973 había caído el coronel Francis Caamaño en las montañas de Ocoa, quien en los adentros de muchos jóvenes y militantes revolucionarios era considerado “el eslabón vital” para un proyecto insurreccional; ese revés histórico presente en muchas conciencias, en adición al panorama predominantemente electoral hacia 1978, dejaba de momento muy menguado aquel propósito y contribuía a abrir las mentes para la búsqueda de una solución política al problema principal.

Las elecciones de 1978 fueron con mucho un momento de inflexión política, una coyuntura que podía partir la política dominicana en antes y un después. No eran unas elecciones de la rutina del calendario electoral. Se pudo (y debió) entrar a las mismas para empujar en el sentido de la renovación del régimen, a la conquista de reformas políticas, limitadas, pero que abrieran unas mejores condiciones para el trabajo político y popular amplio, de cara al pueblo, de la Izquierda, para desde estas nuevas condiciones seguir avanzando en el propósito de la revolución.

¿Qué hizo la Izquierda en esas elecciones y con la coyuntura inmediata generada con sus resultados?

El sector en que (Yo) militaba, el MPD, llamó a no votar, porque “las elecciones no son la solución, el camino es la revolución”. Una verdad general, pero que no daba respuesta a lo concreto, a la necesidad del momento, cual era, derrotar a Balaguer para conquistar la libertad política.

La Unión Patriótica y el Núcleo Comunista llamaron a votar por el PRD, inscribiéndose de manera acertada, pero limitada, como votantes en la corriente antibalaguerista dominante en ese momento. Limitada, porque pudieron hacer la diligencia de pactar un programa de reformas políticas y sociales con el PRD y darse la posibilidad de por lo menos reclamarle a este partido cumpliera lo pactado una vez estuviera en el poder y se mostrara inconsecuente en el cumplimiento.

Habrían ganado también el derecho a comunicarse con las masas perredeístas e influir en las mismas.

El PRD ganó esas elecciones, y es conocido el hecho histórico de que Balaguer, con Vincho Castillo y sus aliados declarados y no declarados, escamotearon parte de esos resultados. Entonces surgió el reclamo de Respeto a la Voluntad Popular expresada en las urnas. Un gran movimiento de opinión y movilización que unió a toda la izquierda, menos a un sector.

No pactamos con el PRD, y algunos no votamos; pero cuando Balaguer, Vincho Castillo, los militares y sus aliados llevaron a cabo el “madrugonazo” para desconocer el triunfo electoral de ese partido, entonces quisimos ser vanguardia en la defensa de este.

Vuelva el lector varias líneas atrás, para que se encuentre con la mención del hecho trágico de que apenas 15 años antes de 1978, Manolo y varios de sus compañeros, fueron fusilados en Las Manaclas tras un fallido alzamiento guerrillero que se proponía defender los resultados de las elecciones de 1962, en las que no quiso participar.

En las elecciones de 1990, 12 años después de 1978 y 28 después de la caída de Manolo, esta vez siendo el PLD y Bosch víctimas del fraude de los balagueristas, la conducta de llamar a no votar, pero querer ser vanguardia en la defensa de la voluntad popular, volvió a expresarse en la Izquierda. Por el “que se vaya ya”, consigna planteada por el PLD para rechazar el fraude electoral en su contra, competimos hasta desgastarnos unos con otras las diferentes franjas populares de la Izquierda en las más inusitadas convocatorias a paros y huelgas nacionales que pasaron por nuestras cabezas.

Es la historia ¿una vez como tragedia, y otra como comedia?

3.- Las elecciones de 1994-96(*)

Las de 1994- 96 tampoco fueron cualquier elecciones. Si bien desde el punto de vista de los intereses estratégicos de los oprimidos por una parte, y los opresores por la otra, las principales fuerzas contendoras expresaban en esencia los de estos últimos, un análisis más detenido, mesurado, concreto en el sentido marxista de la palabra, es decir, “síntesis de múltiples determinaciones”, se podían encontrar en estas elementos que debieron llevar a la Izquierda y sectores democráticos en general a tomar posición por la candidatura del Dr. Peña Gómez y a la búsqueda de entendidos programáticos con este.

Desde luego, que todo esto siempre en el marco de una correlación de fuerzas que, en este caso, como en otras, la Izquierda y lo más democrático del país, aparecían muy reducidos, en medio de un cerco político que apenas le permitía exhibir buenas intenciones, moralidad, consecuencia en los principios; en definitiva, ser lo mejor desde el punto de vista histórico y de los propósitos, pero sin fuerza de masas para disputar el poder, o ser el eje principal de una alianza tras la conquista de este.

En situaciones como estas ¿qué se propone una organización revolucionaria, o varias de estas, que quieren incidir en la vida política nacional y avanzar dentro de la misma a convertirse en opción de poder, y ser poder? Pues deben preocuparse en buscar acuerdos con los sectores más democráticos que les permitan avanzar hacia un mejor posicionamiento, acumular fuerzas. Actuar con especial interés con miras a las masas populares, tratar de estar donde están estas e influir en las mismas. Bajo ninguna circunstancia quedarse en declamaciones generales sin sentido práctico.

En el proceso electoral que abarcó dos elecciones presidenciales, las de 1994 y 1996(*) se daría la conclusión del liderazgo caudillista que había dominado la vida del país desde la caída de la dictadura de Trujillo en 1961, y esto en si era suficiente para que fueran unas elecciones singulares que debían ser abordadas con especial atención. Era el cierre de un amplio ciclo político y la apertura de otro. El profesor Bosch mostraba su agotamiento de manera fehaciente; Balaguer no tanto, pero era evidente que comenzaba la cuenta regresiva de sus días, políticos y biológicos. Lo menos claro era lo del doctor Peña Gómez.

En estas elecciones también estaría presente la figura de la doble vuelta electoral caso de que uno de los contendores no alcanzara la mitad más uno de los votos válidos emitidos, y como parte importante también del marco jurídico electoral que enmarcaba esas elecciones, aparecerían las elecciones de medio tiempo, para escoger a los congresistas y a las autoridades municipales. Todos estos habían sido reclamos de la izquierda y los sectores democráticos durante años.

Momentos políticos como esos son importantes desde cualquier punto de vista.

Pero con y por encima de todo aquello, ese proceso determinaría la posibilidad de si las fuerzas sociales del neotrujillismo, los intereses y la burocracia de Estado vinculados a este, se mantendrían esencialmente unidas y gravitando en la vida nacional con todos sus componentes de conservadurismo; o si por el contrario, se dispersaban y perdían influencia.

Esas fuerzas han sido las más negativas, adversas, al más elemental atisbo de avance democrático del pueblo dominicano desde 1930. Siempre habían logrado reciclarse a partir de la caída de Trujillo. El triunfo del profesor Bosch en las elecciones de 1962 no significó un peligro para las mismas y se mantuvieron intactas, incluso sus mayorías votaron por Bosch que les hizo fácil el camino para llegar hasta él con la proclamación en la campaña electoral del “borrón y cuenta nueva”. Balaguer las concentró de nuevo bajo su liderazgo a partir de 1966, y siguió siendo su caudillo y expresión de poder hasta 1994.

Y en el interés de reciclarse más allá de la desaparición de su líder siempre vieron en el PLD la posibilidad de ese reciclaje. En el PLD también había conciencia de esa necesidad del neotrujillismo y siempre se mantuvo en una actitud política que facilitara ese trasvase en el momento oportuno. Nunca hizo real oposición a Balaguer y actuó con este en una política de golpear juntos al doctor Peña Gómez, aunque en lo formal marchaban separados. Aún y cuando en 1990 Bosch y el PLD fueron víctimas del engaño de Balaguer y los neotrujillistas, no les fue difícil pactar una política en el congreso que ponía como presidente en la Cámara de Diputados a un dirigente peledeísta.

Por eso fraguaron la alianza que garantizaba a los neotrujillistas la pervivencia y al PLD el trasvase de esas fuerzas de poder. El Frente Patriótico entre el PLD y el PRSC, con el Dr. Leonel Fernández como candidato en 1996, fue cierre al paso triunfal del doctor Peña Gómez; pero más que eso, la consumación histórica del trasvase de las fuerzas sociales, la burocracia de Estado y los intereses generales del neotrujillismo al PLD.

A cualquier fuerza política consciente, como se supone a la Izquierda, con un mínimo de juicio, debía interesarle golpear las reservas neotrujillistas y aportar cuanto más para su dispersión, y una vez estuvieran fuera del poder empujar en el sentido de su disolución en la perspectiva de acabar con la inmovilidad política y crear unas condiciones nuevas.

La posibilidad de golpear a ese sector era una alianza con el PRD y el doctor Peña Gómez, que, al tiempo que hacía posible que se lograra aquel objetivo, podía hacerse sobre la base de un compromiso para realizar unas reformas políticas democráticas. En ese proceso, el doctor Peña Gómez logró ganar la mayorías de las preferencias electorales sobre la base de hacer oposición al gobierno de Balaguer; promover unas propuestas de políticas sociales avanzadas; se abanderó de la idea de la Constituyente por voto popular para reformar el régimen político, y para afirmarlas en la conciencia de las mayorías, apeló al recurso de movilizar de manera continua las masas populares.

Era fácil un entendimiento con el doctor Peña Gómez, que dicho sea sin tapujos, siempre mantuvo una actitud política de reconocimiento y apertura a la Izquierda.

Pero solo algunos actuaron en ese sentido desde el inicio del proceso. En 1994, algunos sectores, entre estos el partido en que milito ( yo entre los que militamos en primera fila en esa política), dispersamos el voto promoviendo una candidatura gris que (sic) alcanzó ganar los votos que sumados (aritméticamente; porque un pacto previo a las votaciones hubieran multiplicado) a los del doctor Peña Gómez, habrían hecho imposible el fraude balaguerista. Otros, desde luego, llamaron a la conocida abstención, al amparo del corolario archiconocido en esas circunstancias: ninguna de las opciones representa al pueblo, el camino es la revolución.

En el proceso de conteo de los votos, era claro que el doctor Peña Gómez ganaría las elecciones; y otra vez tendría lugar la versión cómica, de farsa, de la historia. Balaguer haría otro fraude electoral, y todos los abstencionistas corrieron a defender la voluntad popular, es decir, el triunfo del doctor Peña Gómez y del PRD al cual no quisieron acompañar en el proceso hasta las elecciones. A ese propósito llegarían incluso a constituir una coalición de grupos y personas denominada “Arcoiris Opositor”.

La resistencia al fraude, liderada por el doctor Peña Gómez y con la participación de los sectores de izquierda y democráticos del país, condujo a un arreglo, el Pacto por la Democracia, firmado el 10 de agosto de ese mismo año; que entre otras cosas permitiría que Balaguer se juramentara otra vez como presidente de la República, pero con un mandato recortado a dos años, porque en 1996 habrían de celebrarse elecciones, y en estas no podría presentarse como candidato por prohibición de la constitución que por ese mismo acuerdo fue reformada.

En 1996 se celebraron elecciones. El apoyo a la candidatura presidencial y las propuestas programáticas del doctor Peña Gómez crecieron en esta fase del proceso; pero no lo suficiente como para superar la aritmética de los votos del PLD y del balaguerismo neotrujilista. El doctor Leonel Fernández fue electo presidente de la República; y ganó también para su partido el relevo del liderazgo de las fuerzas sociales del neotrujillismo, que, dicho sea otra vez, siempre han sabido reciclarse. Porque siempre han tenido vocación y sentido del poder político.

En estas elecciones perdidas, los de Izquierda actuamos como sigue: el sector al que pertenezco se integró a la campaña de apoyo al líder del PRD, buscando airear la propuesta de la Constituyente; otro sector, con un perenne buen juicio, consideró que el blanco a golpear era el opuesto a la propuesta Peña Gómez y votó por este; pero a escondidas, para sumar los votos de su militancia, y por esto mismo, sin efecto multiplicador; otros, en su petulancia teórica, distanciada del leninismo y por tanto, sin poder ver lo concreto de la coyuntura, se fueron con Leonel Fernández, facilitados por la juventud de este, su condición de académico liberal y que ya destacaba como analista de complejos temas internacionales. También se expresó la que nunca faltará: no votar, porque el pueblo no tiene candidatos; el camino es la revolución.

4.- El momento en curso hacia el 2016.

Las del 2016 serán, como las comentadas, unas elecciones especiales: podrían resultar en una afirmación del proyecto de partido único y del conservadurismo neotrujillista, y con esto mismo algo peor, cual es, la consolidación de la sensación de derrota histórica de gran parte del pueblo dominicano, el crecimiento de los elementos que lleva a muchos y muchas a afirmar que no hay nada bueno que hacer por este país, contexto subjetivo en el que hay un piso amplio y un techo elevado para las malas artes de los que ostentan el poder para mantenerse en este; y coloca en condición de “especie rara” a las ideas de rompimiento con el orden establecido.

Que un pueblo pierda la esperanza de que su situación pueda cambiar para mejor, es un hecho que debe preocupar en serio a todo revolucionario que asume en serio la tarea por el cambio político, y la revolución misma.

Otra posibilidad en juego en, o a partir de las próximas elecciones, es que las mayores reservas populares organizadas disponibles para un proyecto de cambio político en el país, las del PRD, podrían entrar en disputa, o ser afectadas de manera sensible: o se mantienen en la orientación que las ha movilizado hasta ahora; o una parte entra en apatía política y otras se trasvasan hacia distintos proyectos en los que los mayores beneficiados serían los que expresen de una manera clara que pueden ser poder.

La necesidad de un acuerdo político en el propósito de poner un pare a los propósitos del PLD y lograr un cambio en el rumbo del país, se nos plantea a los grupos democráticos y de izquierda en estas circunstancias, también singulares. Cuál acuerdo, cuáles propósitos y previsiones tener para el mismo, son preguntas a formularnos y dar respuesta.

4.1.- Necesidad de un acuerdo para un big bang político en el país.

En este momento histórico del país, el acuerdo que corresponde entre las fuerzas políticas opositoras es el que produzca tal estremecimiento nacional que genere una situación política y social nueva; que termine con la inmovilidad predominante.

Poner en escena ideas, el objetivo claro de reformar en un sentido democrático y progresista el régimen jurídico- institucional; rostros, voces e interlocutores que expresen por lo menos el inicio de la renovación del liderazgo político.

Que en una fórmula de Coalición entren al ejercicio de gobierno y estatal los representantes del más amplio espectro social y político y no solo la representación que hasta ahora. Un gobierno que gobierne con ética y transparencia y asuma el control social como el garante de estos.

Distribuir con justicia la riqueza acumulada en decenas de años por poco más de 20 familias y un grupito de los que han ostentado la dirección del Estado, que han hecho uso y abuso de los recursos nacionales y sobreexplotado al pueblo trabajador.

Un modelo de desarrollo incluyente de los seres humanos, que ponga en primer plano a la gente, como alguna vez propuso el Dr. Peña Gómez; compatible con el medio ambiente; defienda y desarrolle los recursos, el patrimonio y las fuerzas productivas nacionales.

Todos los anteriores y otros propósitos, deberían estar en el centro de la preocupación de los y las partidarios de un acuerdo político para enfrentar y derrotar al grupo que tiene hegemonía del poder, al blanco de turno, al aspecto principal de la contradicción en este momento histórico.

El acuerdo necesario es el que se proponga cambiar en un sentido democrático y progresista las condiciones esenciales que mantienen el país en un régimen político y económico centralizados en pocas manos y amos, a pesar de que la dictadura de Trujillo cayó hace más de 53 años.

Esta es la cuestión que debemos considerar los revolucionarios con fines de pactar acuerdos, en el marco de la desfavorable correlación de fuerzas que nos envuelve.

Desde 1962, dos partidos obtienen el 98% de los votos en las elecciones, y por esto mismo controlan todos los estamentos del Estado y reciben el grueso del financiamiento de la Junta Central Electoral, además del que le proporcionan los grupos de poder económico. Porque las leyes y normas generales se lo facilitan en perjuicio de otras fuerzas que, en conjunto, percibimos el restante 2% del apoyo de los votantes.

Hay que ir más allá de facilitar el que se quite al que está, para que venga otro que deje todo en el mismo esquema conservador, antipopular y antinacional.

Hay que ir más allá de la búsqueda del 2% de los votos, o de la obtención de regidurías y diputaciones.

Esos propósitos han podido ser buenos y entendibles. Pero ya resultan caricaturas en medio de una situación en la que un partido está afincado en el propósito de mantenerse en el poder por tiempo indefinido posiblemente con “alternabilidad” de nombres seleccionados en sus propias filas; que se afirma en el recurso de la impunidad para no auto erosionarse; que hipoteca el presente y el futuro de la juventud mediante un endeudamiento externo que parece no tener tope; que ha entregado casi todo el país en concesiones al capital extranjero, y a este mismo facilita, o conlleva a, que le sean entregadas empresas emblemáticas que, así hayan pertenecido al capital privado criollo, disponían de un buen nivel de desarrollo de fuerzas productivas y que, en vez de enajenadas, pudieron y todavía pueden ser integradas a un proyecto nacional de desarrollo.

4.2.- La fuerza que controla el país.

El PLD ha logrado para sí conquistas singularmente importantes, y está en curso de lograr otras, todas los cuales sirven para analizar frente a qué fuerza política estamos. Veamos:

Le quitó espacio político a la izquierda, ubicándose en el terreno de la lucha nacional liberadora. Allí creció, rompió el esquema del bipartidismo y se convirtió en fuerza política de poder.

Hizo una maniobra histórica al concertar el Frente Patriótico con los balagueristas. Llegó al gobierno. Luego ganó el poder (Hoy es una fuerza influyente en militares y policías, controla el Congreso Nacional, las Altas Cortes, la Junta Central Electoral, en fin, todos los estamentos del Estado). Se mantiene en el poder.

Habiéndole quitado el espacio a la izquierda, paradógicamente se ha convertido en la fuerza del conservadurismo político, heredando al neotrujillismo balaguerista.

Más aún, siendo la fuerza del conservadurismo político y social del país, es reconocido como izquierda por fuerzas políticas y gobiernos extranjeros. El Foro de San Pablo consideró “un triunfo de la izquierda latinoamericana” el obtenido por el PLD en las elecciones del 2012.

Desde el poder, ha constituido su propio poder económico. Con más recursos que grupos económicos tradicionales y socio de muchos de estos. El PLD no necesita de la ayuda económica de ningún grupo empresarial, así también la reciba.

Influye en un sector del PRD al que ha quitado posibilidad de hacer oposición beligerante. Apoyando a un sector, el de Miguel Vargas, mantiene secuestrada la simbología oficial e histórica de ese partido. El PLD se ha montado en la tendencia permanente de los perredeístas a pelearse entre si para mantenerlo dividido.

El PLD es miembro de la Conferencia de Partidos Políticos de América Latina, COPPAL, y es observador en la Internacional Socialista, espacios en los que tiempos atrás el PRD era figura exclusiva.

Abre un paréntesis. Debemos hacer una reflexión en torno a si los frecuentes traumas en el PRD, que llega a niveles de derrotarse asimismo, haya conducido a las clases dominantes a asumir el proyecto de partido único que apura el PLD para garantizar la hegemonía social. Garantizar esta es preocupación esencial de las clases dominantes, y en ese interés no descartarían ninguna forma, de acuerdo a las circunstancias.

En la historia política dominicana la hegemonía del imperialismo y los sectores aliados ha sido garantizada de diversas maneras: la intervención militar (1916 y 1965), la dictadura( Lilís, Mon Cáceres, Trujillo y Balaguer), la competencia electoral entre caudillos (Juan Isidro Jiménez- Horacio Vásquez; Joaquín Balaguer- Juan Bosch; Joaquín Balaguer- Peña Gómez), y cuando el régimen se hizo tripartita y los caudillos entraban al ocaso de sus carreras, entonces se impuso el compromiso entre sus partidos para todo lo esencial de aquella hegemonía (El Diálogo- Pacto entre los tres principales partidos con la influencia de la embajada de los EEUU, la presión del gran empresariado y la bendición de la cúpula de la iglesia católica).

No es ocioso preguntarse ¿cómo piensa garantizarla en las condiciones históricas actuales en que falla uno de los pilares del bipartidismo?

El proyecto PLD ha logrado, como ya ha sido dicho, afirmar una alianza histórica con las fuerzas sociales del neotrujillismo, y consolida una clientela social. Con la eficiencia y eficacia del peledeísmo original, ha instalado un programa de caridad pública, clientelista, llamado Solidaridad, que involucra a 806 mil 539 hogares empadronados, que en suma han recibido poco más de 15 mil millones de pesos.

Dentro de estos, hay subsidios adicionales para hogares con personas envejecientes, para los que tienen niños-as en las escuelas y para la adquisición de gas a través del bonogás.

A esto se suman 2 mil 779 negocios-hogares, que son beneficiarios en tanto son los que ofertan los bienes que pueden ser adquiridos por los tarjetahabientes de ese programa. Y si faltare algo, súmese a lo anterior los 3 mil 420 pesos mensuales en bonos para adquirir gas que otorga a cientos de choferes- hogares.

Banca Solidaria, la iniciativa de este tipo puesta en práctica por el presidente Danilo Mediana ha desembolsado 6 mil millones de pesos en préstamos.

Habría que analizar cuánto aportará a esos mismos propósitos la tanda extendida en educación, que el gobierno la trabaja con diligencia, toda vez que proporcionando desayuno y almuerzo en las escuelas, mejoraría los ingresos reales de las familias con niños y niñas inscritos en las mismas. Cierra el paréntesis.

4.3.- Problemas del PRD.

No es uno, sino dos. El PRD está atravesado por la división. Pero acusa otro problema, cual es, el que no se ubica políticamente en el espacio en que puede ser electoralmente fuerte y entrar así a una posibilidad significativa de derrotar al PLD. Su espacio natural siempre fue el centro progresista con énfasis en lo popular, pero su dirección actual, cualquiera de sus cabezas, quiere jugársela en el litoral conservador, que como se ha dicho es dominado por el PLD.

En ese partido están políticamente organizadas, subrayamos, políticamente organizadas, las mayores reservas populares posibles de movilizar en torno a un proyecto de cambio hacia el poder. Es un hecho incontestable, verificado durante más de 50 años.

Hacia ese partido se pueden adoptar varias actitudes. La de la crítica y denuncia franca y abierta, en el objetivo claro de que se ubique en su litoral histórico y haga parte de un gran frente opositor, que se forje en la movilización de calle. O la del desprecio habitual que el balaguerísmo de todas las layas inculcó hacia el mismo. O la carroñera, consistente en esperar que ocurra el funeral en la ilusa pretensión de que la carne que sobreviva “vendrá a mí”.

Quienes conozcan un poco siquiera de cómo se han formado las mayorías políticas- electorales en la historia del país, deberían saber que las grandes masas se han movido siempre en torno a la cuestión del poder, y que este es asunto político principal y no religioso, para cualquier partido que busque acercarse a este, o mejor: hacerse con el mismo.

Se necesita un gran acuerdo político que, al tiempo que ponga un pare al proyecto en el poder, haga un big bang en la sociedad, que nos abra perspectivas reales y rápidas de poder y sobre todo, modifique en un sentido positivo las condiciones sociales, económicas y políticas del pueblo, nación y país.

Es la posibilidad de que caminemos sobre zancos, o demos saltos de garrocha.

Una vez más sea dicho: no se trata de ayudar a hacer saltar al PLD para que quien lo sustituya mantenga la vida del país y del pueblo en el mismo esquema antinacional, antipopular y conservador. Ese hecho debería significar un avance importante; contribuir entre otras cosas, a la emergencia de una nueva fuerza y liderazgo políticos, más allá del 2% del electorado o de conseguir uno o dos diputados y regidores; que no pueden seguir siendo una meta política cuando al país, nación y pueblo se le impone la realidad que están sufriendo.

Es el acuerdo pertinente. Podrá darse o no darse, ser o no ser. Como todo en la vida. Pero para que sea, debemos darnos la tarea y trabajarla para que asuma la forma de movilización de calle; que será, la que a fin de cuentas, dará los resultados que se buscan.

En la perspectiva de trabajar para una concertación como la planteada, corresponde insistir en que ni siquiera el PRD, aún en el remoto caso de que logre unidad interna, podría vencer solo a la maquinaria que hoy ostenta el poder. Frente a tal conclusión, si bien cuenta el que una entre todas las fuerzas que pudieran integrar el gran acuerdo tenga el mayor tamaño, todos somos importantes y no debería haber lugar para subestimar y mucho menos despreciar a nadie. Puede haber grupos y líderes de ese posible acuerdo que en principio carezcan de una fortaleza electoral importante, pero que una vez siendo parte del mismo conciten apoyos que otra fuerza por grande que fuere no podría atraer.

En el contexto de un acuerdo opositor con perspectivas de poder, liderazgos y organizaciones de reducidos niveles de influencia, o que hasta ese momento solo puedan exhibir prendas morales o ideas novedosas entre sus atributos, suelen multiplicarse por mucho y su aporte en términos de votos es muchas veces mayor que su tamaño.

En perspectiva hacia el 2016, deberíamos considerar que en antítesis a la alternabilidad en el partido único, propongamos un acuerdo para un
gobierno de coalición de larga duración, con alternabilidad de candidaturas entre sus partes.

Abre un paréntesis. Si se asume que el PRD es una fuerza fundamental para un amplio frente opositor, una previsión a tener en cuenta es la confluencia en su seno de múltiples intereses y actitudes políticas correspondientes a los mismos; así como la acentuada presencia de conservadurismo en su principal liderazgo. Y así las cosas, los sectores considerados alternativos y que postulan por el gran frente opositor deberían proponerse actuar de común acuerdo, en un todos a una, para garantizar que el acuerdo de concertación al que se pueda llegar no deje ninguna duda de que indica una voluntad de renovación política, económica y social del país.

Incluso, con sectores que por las razones que sean no estén dispuestos a integrar un mismo espacio convergente, se podría pactar un acuerdo de discurso y propósitos comunes, de marcha en el mismo sentido hacia el mismo objetivo, aunque se haga desde espacios distintos. La flexibilidad, y la inteligencia del carpintero en el tratamiento de los detalles, podrían ser determinantes para unir el mayor conglomerado de fuerzas posibles en torno a un propósito común. Cierra el paréntesis.

Santo Domingo, DN
17 de junio, 2014.

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1 comentario Add your own

  • 1. HugoCedeno  |  3 enero, 2015 en 09:11

    Nos parece muy importante el debate sobre la situacion nacional, las perspectivas y tareas. Hay que asumirlo con la responsabilidad historica que implica Sin sectarismo vanguardista ni auto proclamacion, De cara al movimiento obrero, campesino, popular y juvenil. O sea, desde la base. De abajo hacia arriba. Debatiendo publicamente el abordamiento programatico y actuando en el movimiento de masas para observar las condiciones objetivas que las mueven a luchar permanenemente. Para ampliar y corregir las propuestas que desde la izquierda levantamos. Porque de nada sirve el programa ,sino empalma con el movimiento de masas y no provoca su movilizacion independiente de los aparatos y sectores de poder. En ese escenario, lo electoral es tactico y hay que abordarlo con el criterio de que puede constituir un excelente espacio para avanzar en la organizacion de las masas en sus propios organismos de lucha. Que los espacios superestructurales a los que podamos llegar los y las revolucionarias, se coloquen al servicio de un plan para que los organismos de las masas se fortalezcan y sean los principales instrumentos de control y vigilancia de nuestro comporamiento politico en estos mecanismos. Saludos. Hugo Cedeno. NUPORI 3 de enero del 2015

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