Las plantas de carbón de Punta Catalina son una apuesta al atraso y dañan el país

30 junio, 2014 at 12:04 Deja un comentario

Exposición de Max Puig, ex ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en el Panel sobre las Plantas de Carbón de Punta Catalina, realizado en la UASD el 24 de junio de 2014.

SANTO DOMINGO. RD. Paneles como el de esta tarde debieron haberse producido desde hace tiempo. No es la primera vez que cuestiones de fondo que atañen al desarrollo de nuestra sociedad son dejadas de lado. Intelectuales dominicanos le atribuyeron en el pasado a nuestro carácter de isla el hecho de ignorar procesos de trascendencia que estaban llamados a influir sobre nuestro devenir. Hemos creído, con irresponsabilidad pasmosa, que cuanto suceda en el mundo no está llamado a afectarnos necesariamente.

Max Puig.

Max Puig.

En su momento, don Juan Bosch señaló que nuestra sociedad se había visto afectada por lo que él llamó arritmia histórica. Designó así a la aparición tardía en nuestro suelo de procesos que ya se habían expresado con fuerza en otras latitudes.

Sin entrar a discutir las tesis del profesor Bosch el hecho cierto es que hoy día, cuando el mundo le está dando la espalda a la utilización del carbón como fuente generadora de energía, por los daños demostrados que esta provoca, en la República Dominicana se le están abriendo las puertas a esta energía del pasado.

Como ministro de Medio Ambiente me tocó asumir responsabilidades para eliminar los efectos perniciosos del rockash proveniente de las plantas de carbón de Puerto Rico, indebidamente depositado en nuestro país. Hoy, formo parte de los que consideran que la construcción de las plantas de carbón de Punta Catalina es un grave error y paso a explicar por qué pienso de esta manera.

Con la producción capitalista el mundo ha conocido una transformación extraordinaria. El desarrollo de maquinarias conllevó el descubrimiento y uso de diversos combustibles para activarlas. Durante los últimos dos siglos los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), han sido las fuentes de energía fundamentales.

Se pensó que tanto éstos como los demás recursos naturales eran inagotables; se creyó que se les podría utilizar de manera infinita. No obstante, desde mediados del siglo XIX se advirtió que el tremendo proceso de conocimiento, control y transformación de la naturaleza que se estaba produciendo podría conducir a un resultado inesperado: el desarrollo de la capacidad de transformar la naturaleza podía llegar a generar una capacidad suficiente para destruir la propia naturaleza.

Lo que parecía hace 150 años como una lejana premonición se está confirmando de manera aterradora en nuestros días. El planeta está en peligro. No es un anuncio para infundir temor. Es una realidad presente y angustiante.

Hace más o menos 50 años que se encendieron las señales de alarma con relación a la aparición de fenómenos naturales inéditos en el planeta. ¿Qué estaba sucediendo? Para responder a la pregunta se celebró en Estocolmo, del 5 al 6 de junio de 1972, la Conferencia Científica de las Naciones Unidas, también conocida como la Primera Cumbre para la Tierra. Allí se planteó por primera vez oficialmente, en el marco internacional, la cuestión del cambio climático.

Desde entonces se afrontaron dos grandes puntos de vista. Uno de ellos entendió desde el principio que las modificaciones que se estaban produciendo en la naturaleza eran el resultado de la acción humana.

Desde otra posición, se tendió a subestimar la amplitud y el peligro implícito de los nuevos fenómenos que se estaban observando, insistiendo en el carácter supuestamente natural y cíclico de los cambios.

Este segundo punto de vista fue apoyado a fondo por las grandes empresas dedicadas a las actividades que más afectan al clima y la naturaleza. Pusieron en juego cuantiosos recursos para negar el cambio climático, justificar sus prácticas y evitar controles. Los estados de los países con mayor responsabilidad en la contaminación y en el deterioro de las condiciones naturales del planeta optaron por negar la gravedad de los impactos y por frenar por todos los medios a su alcance la adopción de medidas que obligaran a detener o a morigerar las tendencias destructivas del medio ambiente. Como se sabe, Estados Unidos que es el país responsable de los mayores daños al planeta, se mantuvo durante décadas al frente de esta posición recalcitrante.

A la fecha de hoy la discusión está debidamente zanjada, pero el planeta está gravemente dañado y las diversas formas de vida que sobre él se asientan seriamente amenazadas. Los resultados del quinto informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), dado a conocer el 27 de septiembre del pasado año 2013, son claros, contundentes y definitivos: “El calentamiento del sistema climático es inequívoco, y muchos de los cambios observados desde la década de 1950 no tienen precedentes en los últimos miles de años”, dice el informe, precisando a seguidas que la actividad humana ha influido en este calentamiento con una certeza de más del 95%.

La causa principal del deterioro del planeta no deja lugar a dudas: los combustibles fósiles contribuyeron en un 78 % al crecimiento de las emisiones totales de gases de efecto invernadero entre 1970 y 2010; lejos de detenerse, estas emisiones están aumentando; el carbón representa más del 30 % del uso de energía en el mundo y ello está contaminando las aguas, destruyendo la producción agrícola y produciendo millones de muertes.

Las conclusiones del Panel son determinantes: si queremos salvar el planeta hay que transformar los sistemas de suministro eléctrico, eliminando los combustibles fósiles. La buena noticia está contenida en el mismo informe cuando afirma que “la energía renovable está lista para dar a luz y viene con beneficios que incluyen menos contaminación ambiental, mayor seguridad y menos accidentes graves que los que provocan la generación de energía convencional”.

A pesar de la defensa que hacen de él las grandes empresas que extraen sus ganancias de la explotación del carbón, propiciar el desarrollo de esta fuente de energía es aferrarse al atraso, dañando la vida en nuestro país y contribuyendo a dañarla en el resto del mundo.

Precisamente, porque hay que superar esta forma dañina de generar energía, y porque la humanidad ha desarrollado los medios para lograrla es que está en marcha un proceso planetario de eliminación del carbón.

¿Qué está pasando en el mundo con relación al carbón? No puedo referirme a todo cuanto está aconteciendo en el mundo al respecto. Solo señalaré, rápidamente, lo siguiente: la situación es crítica en China como resultado de la contaminación por el carbón, cinco de las ciudades más contaminadas del mundo se encuentran en este país con graves problemas de salud para una parte considerable de la población. El gobierno de China ha tenido que hacer una revisión de su política con vistas a reducir el uso del carbón.

En Estados Unidos, luego de haber sido difundido un impactante estudio del Goddard Space Flight Center, de la NASA, la Agencia Nacional Espacial de Estados Unidos, señalando que la explotación irresponsable de los recursos naturales y la distribución desigual de la riqueza estarían conduciendo la civilización actual a un colapso irreversible, el presidente Obama acaba de tomar, este mismo mes, medidas extraordinarias que afectarán a 1,600 plantas energéticas qua funcionan en ese país; estas medidas son consideradas como las más importantes tomadas por un presidente estadounidense para enfrentar los temas de la contaminación y el cambio climático.

En América Latina, el Banco Interamericano de Desarrollo publicó el año pasado el informe Repensando nuestro futuro energético[1] en el que se explica que América Latina podrá cubrir la totalidad de su demanda energética para el año 2050 sobre la base de las energías renovables. Expresa el BID que el potencial energético procedente de los recursos naturales de América Latina es tal que sería suficiente para cubrir más de 22 veces la demanda eléctrica de la región. Debo recordar que, en la actualidad, el 52 % de la energía producida en América Latina, ya proviene de recursos renovables, porcentaje muy superior al de la República Dominicana en donde este alcanza apenas el 11 % de la generación de energía.

A fin de frenar el nocivo uso del carbón en la generación de electricidad y sus consiguientes efectos negativos los grandes organismos multilaterales de financiamiento han decidido, expresamente, no otorgar créditos para la construcción de plantas de carbón.

Este es el caso del Banco Mundial, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), del Banco Europeo de Inversiones y del Banco Nórdico. Pero es también el caso de organismos bilaterales de financiamiento como el Eximbak, el banco de fomento de las exportaciones de los Estados Unidos.

Construir plantas de carbón en el mundo de hoy es ir a contracorriente de la necesidad misma de supervivencia del género humano. ¿Por qué se asumen entonces decisiones como ésta en un país como el nuestro, sobretodo si se toma en cuenta que la República Dominicana es uno de los diez países más vulnerables del mundo a causa del cambio climático?

Las autoridades dominicanas han utilizado varios argumentos para justificar su decisión de construir plantas de carbón. Por el momento, me voy a concentrar en dos de estos argumentos: 1) en la República Dominicana se utilizará carbón limpio, y 2) el carbón es la fuente de energía más barata.

En realidad, ni existe el carbón limpio, ni el carbón es la fuente de energía más barata.

El carbón es la más sucia de las fuentes de energía. El argumento del carbón limpio es parte de las campañas de propaganda de la industria carbonífera mundial. Las grandes industrias que viven del carbón en el mundo están agrupadas en la Asociación Mundial del Carbón (WCA por sus siglas en inglés). Estas empresas están desarrollando una gran campaña a nivel mundial a través de la cual pretenden promover lo que llaman irónicamente “tecnologías de combustión de carbón altamente eficientes y de bajas emisiones”.

La campaña tiene su razón de ser en el hecho insoslayable de que el carbón es la energía más sucia y contaminante. Está demostrado que cuando se quema el carbón, en adición al dióxido de carbono que queda atrapado en la atmósfera durante millones de años y que genera gases de efecto invernadero[2], son liberadas también decenas de sustancias tóxicas o peligrosas[3].

Como consecuencia de ello, muchas de esas sustancias, como el mercurio, son diseminadas en terrenos y ambientes acuáticos[4]. Las sustancias peligrosas que no resultan dispersadas directamente en la atmósfera se mantienen presentes en los desechos como cenizas en el aire. Según un importante estudio de la Universidad de Duke, los desperdicios resultantes de la combustión del carbón se mantienen en la atmósfera como peligro para la salud pública, cuyos costos correspondientes en atención en salud son transferidos a los consumidores y a las entidades gubernamentales[5].

Se ha calculado que, en un año promedio, una planta típica de carbón de 500 MW genera 3,700,000 toneladas de dióxido de carbono (CO2), lo que equivale a cortar 161 millones de árboles. También genera 10,000 toneladas de dióxido de azufre (SO2), que causa lluvia ácida, que daña bosques, lagos y edificios, y forman pequeñas partículas aéreas que pueden penetrar profundamente en los pulmones.

Igualmente, una planta así, produce 500 toneladas de pequeñas partículas aéreas que causan bronquitis crónica, agravamiento del asma y muerte prematura. También, 10,200 toneladas de óxido de nitrógeno (NOx), lo mismo que emitirían un millón de carros viejos y destartalados; el NOx inflama los pulmones y produce males respiratorios.

La misma planta produce 720 toneladas de monóxido de carbono (CO), que causa dolores de cabeza y afecta particularmente a las personas con problemas cardíacos.

Genera igualmente 220 toneladas de hidrocarburos, compuestos orgánicos volátiles (COV), que forman ozono. A esto se suman 170 libras de mercurio, de las que basta 1/70ama parte de una cucharita vaciada en un lago de 8 hectáreas para que el pescado de ese lago sea inseguro para ingerir.

Produce por demás 225 libras de arsénico, que causará cáncer en una de cada cien personas que beban agua contaminada con sólo 50 partes de por cada mil millones. A todo esto se agregan 114 libras de plomo, 4 libras de cadmio y otros metales pesados tóxicos, así como pequeñas cantidades de uranio.

La CDEEE ni las empresas contratistas de las plantas de generadoras de carbón de Punta Catalina han aportado una sola prueba certificada de que en las plantas que se proponen construir lograrán reducir sustancialmente la producción de sustancias tóxicas.

A pesar de no haber presentado absolutamente ninguna prueba o estudio certificado que garantice la supuesta inocuidad del carbón limpio, la CDEEE ha estado vendiéndolo en su propaganda pagada a un costo millonario financiado por los contribuyentes.

Todos los productos tóxicos que he mencionado afectarán de manera directa la población que viva en los alrededores de las plantas de carbón, quedando también afectadas sus actividades productivas, comerciales, sociales, recreativas o de cualquier otro tipo.

Tampoco es cierto que el carbón sea la fuente de energía más barata. Cuando se afirma esto es porque no se toman en cuenta todos los gastos en salud que la sociedad se ve obligada a cubrir como consecuencia del uso del carbón. Desde que se suman estos gastos, llamados externalidades, la energía más cara para la sociedad y las personas que la componen es la generada mediante el uso del carbón.

Existen estudios al respecto y estos son concluyentes. El Consejo Nacional de Investigaciones de Estados Unidos estimó los costes externos asociados a las emisiones de óxidos de las plantas eléctricas de carbón en un valor de US$62,000,000,000 en el año 2005[6]. Los resultados de muchos otros estudios van en la misma línea: la verdad es que la energía del carbón parece ser la más barata, cuando en la realidad es la más cara, lo que no se percibe por estar subsidiada por la sociedad y sus integrantes a través de sus gastos en salud.

Dije a inicios de mi exposición que las energías fósiles son energías del pasado. Me pronuncié en contra del atraso que estas representan. Soy de los muchos que piensan que persistir en su uso es conducir la humanidad a un callejón sin salida. Pero quisiera agregar un aspecto que parece puntual pero que es, en definitiva, fundamental. Y es que solo las energías alternativas garantizan el futuro a una sociedad como la nuestra. El 89 % de nuestra energía es generada a partir de combustibles fósiles importados. Nuestro futuro energético está en el sol, en el viento, en el agua y en los demás recursos naturales que podamos explotar. Estos no tendremos que importarlos y, por consiguiente, su compra no presionará nuestra balanza de pagos. Solo las energías alternativas garantizan nuestra independencia energética.

Ahora bien, llegado a este punto, y para concluir, quiero hacer una pregunta a las autoridades oficiales y a todos los presentes en esta sala. La pregunta es, ¿por qué el gobierno ha violado la ley ambiental al proceder a construir las plantas de carbón sin los permisos correspondientes?

La ley es para todos. Cualquier ciudadano está obligado a procurar los permisos ambientales para realizar cualquier edificación o actividad productiva de ciertas características. El gobierno inició los trabajos de construcción de las plantas de Punta Catalina violando la ley. De hecho, todos los trabajos que se están realizando en este momento se están haciendo al margen de la ley. Si no hay respuestas a muchas de las interrogantes que planteé hace un momento es precisamente porque el gobierno ha estado actuando violando las leyes que está llamado a hacer respetar.

Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Santo Domingo, 24 de junio de 2014.

[1] Banco Interamericano de Desarrollo, Repensando nuestro futuro energético.

[2] http://www.aip.org/history/climate/co2.htm .

[3] Alan H. Lockwood et al., Coal’s Assault on Human Health, (2009), disponible en http://www.psr.org/assets/pdfs/psr-coal-fullreport.pdf .

[4] Ver U.S. Envtl Prot. Agency, Environmental Effects of Mercury, http://www.epa.gov/hg/eco.htm .

[5] Ver Tim Lucas, Toxic Coal Ash Threatens Health And Environment, Duke University, Aug. 18, 2009, http://news.duke.edu/2009/08/toxiccoal.html .

[6] Alan H. Lockwood et al., Coal’s Assault on Human Health 10, (2009), disponible en http://www.psr.org/assets/pdfs/psr-coal-fullreport.pdf.

Anuncios

Entry filed under: DESAHÓGATE. Tags: , , , , , , , , , , , .

Carti, la partida de un imprescindible Loma Miranda: Desinformación mal intencionada*

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Calendario

junio 2014
D L M X J V S
« May   Jul »
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  

Most Recent Posts


A %d blogueros les gusta esto: