Obreros cañeros, controversia dominico-haitiana y el socialismo

11 diciembre, 2014 at 06:32 Deja un comentario

Doctor Manuel Linares
Secretario General del PRP (Marxista-Leninista)

Introducción

Nuestro partido, el Partido de la Revolución Popular (PRP), ha estado trabajando intensamente, dándole el apoyo a la Unión de Trabajadores Cañeros de los Bateyes (UTC), que tiene como líder principal a Jesús Núñez, en su lucha para que el gobierno otorgue una PENSIÓN, a los obreros en retiro, del referido sector productivo.

Doctor Manuel Linares.

Doctor Manuel Linares.

En la medida que nuestro partido le presta solidaridad a los obreros cañeros, vamos conociendo algunas peculiaridades de la problemática, cuyo estudio pormenorizado servirá para afinar la táctica de lucha cañera y ayudar a la victoria del movimiento proletario.

Entre las peculiaridades percibidas están las siguientes: primera, la exigencia de la PENSIÓN a los cañeros, se inscribe en el marco de la lucha de clases del proletariado cañero, por sus derechos económicos pisoteados por el capitalismo monopolista de estado; segunda, en la problemática cañera aparece, con particular relieve, la controversia histórica dominico-haitiana; y tercera, el desarrollo de los acontecimientos, propio de la demanda económica, combinado con la exacerbación de los conflictos fronterizos, entre ambas naciones, compele a los marxistas dominicanos y haitianos a fijar posición sobre el particular.

Con el presente documento, que de hecho es una continuación del que recientemente pusimos en circulación bajo el título de “¿POR QUÉ LOS MARXISTAS DOMININICANOS DEFENDEMOS CON TANTO ARDOR A LOS OBREROS CAÑEROS?”, trataremos de arrojar luz sobre la problemática que nos ocupa.

I. ¿En qué consisten las reclamaciones de los obreros cañeros?

Son muy sencillas, tan sencillas y humildes como sus reclamantes. La UTC exige, primero, que el total de obreros cañeros, ya en retiro, que laboraron por décadas en los ingenios de propiedad del Estado dominicano, se les otorgue una pensión que inicialmente es de RD$5,000.00 al mes; y segundo, que dicha pensión sea aumentada a RD$10,000.00. Como se ve, son reclamaciones extremadamente modestas.

II. ¿Qué se ha conseguido hasta el momento?

Los gobiernos anti-obreros de Leonel y Danilo comenzaron a tomar medida ante la exigencia del proletariado cañero.

El entonces Presidente Leonel Fernández, el 14 de mayo del año 2012, emitió el decreto 245-12, mediante el cual se otorgarían unas 2,185 pensiones a igual número de ex-empleados del Consejo Estatal del Azúcar (CEA). No obstante, de acuerdo a un comentario aparecido en el periódico digital Acento.com.do, de fecha 19/06/2012, bajo la firma de Carolina Batista, se alega que “Jesús Núñez, líder principal de la UTC, afirmó que sólo 134 pensiones están conforme al listado entregado por dicha organización al Instituto Dominicano de Seguridad Social (IDSS). Las restantes 2,051 pensiones correspondían a solicitudes depositadas por legisladores y funcionarios públicos en respuesta a compromisos de campaña electoral, lo que no asegura que los beneficiarios sean auténticos trabajadores cañeros retirados”. Esta denuncia fue muy grave.

Luego, el presidente Danilo Medina, también en el año 2012, mediante el decreto número 666-12 concedió el beneficio de la jubilación a 1,028 ex trabajadores del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), asignándoles una pensión especial del Estado dominicano de RD$5,117.50 a cada uno.

Hasta el momento solamente 3,213 obreros cañeros han sido pensionados como resultado del proceso de lucha, cifra que contrasta con unos 121,000 trabajadores que pasaron por el CEA. De acuerdo a la UTC menos del 15%, del total indicado, ha sido beneficiado con la pensión y sus prestaciones laborales.

III. Estimación del gasto presupuestario

Supongamos que para el año 2015, el gobierno hubiese incluido 20 mil obreros cañeros, para beneficiarlos con su pensión; al mes tendría una erogación de 100 millones de pesos y en el año 1,200 millones de pesos.

Si tomamos en cuenta que el presupuesto del gobierno central, aprobado para el año 2015, es de aproximadamente 630,934 millones de pesos, el monto monetario de las pensiones para los cañeros, apenas absorbería el 0.19%, porcentaje este verdaderamente ínfimo. De modo que no es por la falta de recursos monetarios que los obreros cañeros envejecientes son condenados a morir de hambre; es porque las autoridades gubernamentales no poseen la voluntad de resolver este problema.

IV. Impacto de las pensiones en el estado vida de los cañeros

Hoy miles de obreros cañeros están condenados a morir aceleradamente en medio de la miseria, pues como ya no tienen fuerza para picar caña, sus ingresos mensuales se ven disminuidos drásticamente.

Si consiguieren la pensión de 5 mil pesos, sus angustias se verían mínimamente mitigadas, pero no eliminadas, debido a que el costo promedio de la canasta familiar, en el año 2013, según cifras del Banco Central, era de 26,855.21 pesos al mes, en consecuencia, dicha pensión apenas cubriría el 18.6% del costo de dicha canasta. ¡De hecho el gobierno de Danilo Medina los estaría condenando a morir de hambre!

V. Un gobierno indolente

En el caso de los obreros cañeros, el gobierno de Danilo Medina pasará como el más indolente en la historia de la república burguesa dominicana.

El gobierno conoce muy bien las penurias económicas que atraviesan estos obreros cañeros. Sabe que se están muriendo de hambre y no toma una decisión urgente.

Ahora le exige a la UTC un nuevo listado, dizque depurado, de los obreros cañeros que califican para la pensión. Esta es una treta vulgar del gobierno. Éste es quien debiera tener al día ese listado. Evidentemente procura postergar la solución del problema para destinar los recursos monetarios presupuestarios hacia áreas que garanticen la continuidad del PLD, en el gobierno, más allá del año 2016.

Que el gobierno no venga con el cuento de que no posee dinero para resolver el problema ahora. Tiene y mucho, solo que es para amamantar a miles de empleados improductivos partidarios, mantener gustosos a los monopolios capitalistas que dirigen la nación y pagar religiosamente la deuda pública que anualmente se agiganta.

VI. Lucha cañera y solidaridad proletaria

Es muy evidente que la presencia del resto del proletariado dominicano, en las manifestaciones de los obreros cañeros, es muy débil. Igualmente la izquierda revolucionaria, salvo el Partido de la Revolución Popular (PRP) y el Movimiento de Rescate de las Ideas y Prácticas Marxistas en la República Dominicana, está ausente de esta justa lucha. Los dirigentes de la burguesía liberal ni se acercan por allí.

La solidaridad proletaria no se está manifestando como debería manifestarse con la causa obrera cañera.

Que la alta burguesía y la burguesía liberal, de la República Dominicana, no respalden la lucha de los obreros cañeros, es enteramente explicable. Dichas clases sociales son enemigas del proletariado, de los obreros. De ella no debemos esperar apoyo alguno, salvo cuando procura votos obreros para las farsas electorales organizadas por la democracia “representativa”.

Pero lo que no tiene justificación alguna es la débil solidaridad del movimiento sindical dominicano, de los obreros de otras áreas de la economía nacional y de determinadas organizaciones de izquierda. ¿Cuál es el factor principal que incide en esta postura? Expliquémoslo.

VII. Presencia de inmigrantes haitianos en la capa obrera cañera

Indiscutiblemente que el factor principal que incide en la baja solidaridad con la justa lucha de los obreros cañeros, es que tienen en su seno un alto porcentaje de inmigrantes haitianos; y como la burguesía dominicana le ha metido en la cabeza a los dominicanos que los haitianos están invadiendo pacíficamente a la República Dominicana, las fuerzas progresistas temen respaldar resueltamente a los cañeros.

Mas no debemos detenernos en la nacionalidad de estos trabajadores, debido a que la clase obrera no es nacional, es internacional, es el producto del capitalismo y donde quiera que haya trabajadores explotados por el capital, ahí debe llegar la solidaridad proletaria. La burguesía divide a la clase obrera, bajo el manto religioso, político, ideológico, etc., con el fin de debilitar su lucha y continuar la explotación capitalista sobre ella. Por tanto, los obreros tienen que forjar la unidad y la solidaridad a fin de robustecer su lucha y vencer al capital. No puede ser de otra manera.

Si los proletarios dominicanos no brindamos el debido apoyo a los obreros cañeros, la victoria de éstos será más difícil, pero si se produce la unidad total del proletariado, independientemente del color de la piel y la nacionalidad, el triunfo estará asegurado.

Si los proletarios dominicanos se dejan seducir por el chovinismo rancio de la burguesía dominicana, para que no apoyen a los obreros cañeros, entonces las posibilidades de avance político e ideológico de la revolución se verá obstaculizado, ya que es imposible que la revolución tienda a incrementarse cuando la clase de vanguardia, el proletariado, está bajo el influjo de la ideología de la clase social burguesa.

Es muy importante, entonces, que el proletariado dominicano se desembarace de los prejuicios chovinistas que diariamente le inculca la burguesía, para mantenerlo distanciado de sus hermanos obreros cañeros. Procedamos a fomentar la unidad y la lucha como el camino certero que nos proporcionará la victoria.

VIII. Encuadramiento histórico-concreto del problema

Con el fin de hacer un adecuado encuadramiento histórico-concreto del problema que nos ocupa, es preciso que acudamos, primero, a la teoría del socialismo científico sobre el particular y, segundo, aplicar dicha teoría a la realidad concreta domínico-haitiana.

Para dominar la teoría del socialismo científico, en el tratamiento de la cuestión nacional, estudiamos los siguientes trabajos de Lenin: “El problema nacional en nuestro programa” (tomo 7, Obras Completas, págs. 248-258); “Tesis sobre la cuestión nacional” (tomo 23, Obras Completas, págs. 332-341); “Notas críticas sobre el problema nacional” (tomo 24, Obras Completas, págs. 125-163): “El derecho de las naciones a la autodeterminación” (tomo 25, Obras Completas, págs. 271-340); “La revolución socialista y el derecho de las naciones a la autodeterminación” (tomo 27, Obras Completas, págs. 264-279); “Balance de la discusión sobre la autodeterminación” (tomo 30, Obras Completas, págs. 17-61); y “Sobre la caricatura del marxismo y el economismo imperialista” (tomo 30, Obras Completas, págs. 81-137).

De todas esas obras, haremos un resumen, bien apretado, del “Balance de la discusión sobre la autodeterminación”, con el cual nuestros lectores quedarán debidamente ilustrados. Comencemos.

Hemos afirmado, dice Lenin, que constituiría una traición al socialismo renunciar a llevar a la práctica la autodeterminación de las naciones en el socialismo.

Engels alegaba que en el curso del desarrollo histórico, que se engulló una serie de naciones pequeñas y carentes de vitalidad, las fronteras de las “naciones europeas grandes y viables” fueron determinándose cada vez más por “la lengua y las simpatías” de la población. Engels califica esas fronteras de “naturales”. Así ocurrió en la época del capitalismo progresivo, en Europa, alrededor de 1848-1871. Ahora, el capitalismo reaccionario, imperialista, demuele con frecuencia creciente esas fronteras, determinadas democráticamente. Todos los síntomas predicen que el imperialismo dejará en herencia al socialismo, que viene a reemplazarlo, fronteras menos democráticas, una serie de anexiones en Europa y en otras partes del mundo. Y bien, ¿es que el socialismo triunfante, al restaurar y llevar a su término la democracia completa en todos los terrenos, renunciará a la determinación democrática de las fronteras del Estado?, ¿no deseará tener en cuenta las “simpatías” de la población?…

En realidad esas fronteras serán determinadas democráticamente, es decir, de acuerdo con la voluntad y las “simpatías” de la población. El capitalismo violenta estas simpatías, agregando con ello nuevas dificultades al acercamiento de las naciones. El socialismo, al organizar la producción sin la opresión clasista y asegurar el bienestar de todos los miembros del Estado, brinda por lo tanto plena posibilidad de manifestarse a las “simpatías” de la población y, precisamente como consecuencia de ello, alivia y acelera de modo gigantesco el acercamiento y la fusión de las naciones.

En el capitalismo no es posible suprimir la opresión nacional. Para conseguirlo es imprescindible abolir las clases, es decir, implantar el socialismo. Pero, basándose en la economía, el socialismo no se reduce íntegramente a ella, ni mucho menos. Para eliminar la opresión nacional hace falta una base: la producción socialista; mas sobre esa base son precisos, además, la organización democrática del Estado, el ejército democrático, etc. Transformando el capitalismo en socialismo, el proletariado abre la posibilidad de suprimir por completo la opresión nacional; esta posibilidad se convierte en realidad “sólo” con la aplicación completa de la democracia en todos los terrenos, comprendida la determinación de las fronteras del Estado en consonancia con las “simpatías” de la población, comprendida la plena libertad de separación. Sobre esta base se desarrollará, a su vez, la eliminación prácticamente absoluta de los más mínimos roces nacionales, de la más mínima desconfianza nacional; se producirán el acercamiento acelerado y la fusión de las naciones, que culminarán en la extinción del Estado. Tal es la teoría del marxismo.

El concepto de anexión comprende habitualmente la idea de violencia (incorporación forzosa) y la idea de opresión nacional extranjera, y a veces implica la idea de alteración del statu quo. La anexión es una violación de la autodeterminación de la nación, es la delimitación de las fronteras de un Estado en contra de la voluntad de la población. Ser enemigo de las anexiones significa estar a favor del derecho de autodeterminación.

Algunos autores afirman que en la era del imperialismo, la defensa de la patria es la defensa de los derechos de su propia burguesía a oprimir pueblos ajenos. Pero eso es cierto sólo con relación a la guerra imperialista, es decir, a la guerra entre potencias imperialistas, o entre grupos de potencias, cuando ambas partes beligerantes, además de oprimir pueblos ajenos, hacen la guerra para decidir quién debe oprimir más pueblos ajenos.
Nosotros rechazamos la “defensa de la patria” en la guerra imperialista.

Sin traicionar al socialismo, debemos apoyar toda insurrección contra nuestro enemigo principal, la burguesía de los grandes Estados, si no se trata de la insurrección de una clase reaccionaria. Precisamente en la “era del imperialismo”, que es la era de la incipiente revolución social, el proletariado apoyará hoy con particular energía la insurrección de las regiones anexadas, a fin de atacar mañana, o al mismo tiempo, a la burguesía de la “gran” potencia, debilitada por esa insurrección.

El imperialismo es, entre otras cosas, la exportación de capital. La producción capitalista se trasplanta con creciente rapidez a las colonias. Es imposible arrancar a éstas de la dependencia del capital financiero europeo. Desde el punto de vista militar, lo mismo que desde el punto de vista de la expansión, la separación de las colonias es realizable, como regla general, sólo con el socialismo; con el capitalismo, esa separación es realizable a título de excepción o mediante una serie de revoluciones e insurrecciones tanto en las colonias como en la metrópolis.

No puede ser libre el pueblo que oprime a otros pueblos, reza un principio socialista, al que Marx siempre guardó fidelidad absoluta.

Pasemos ahora a la realidad dominico-haitiana. En el siglo XIX, se produjeron varios choques entre las dos naciones. Los haitianos ocuparon la parte oriental de la isla, donde nos asentábamos los hoy dominicanos, desde el año 1822 al 1844; en este último año, día 27 de febrero, logramos independizarnos de su dominio.

El proceso revolucionario que da al traste con la independencia dominicana se inscribió en la etapa de las revoluciones burguesas dirigidas a desmembrar el feudalismo a escala mundial y el poder colonial de las potencias europeas. La burguesía dominicana, en franco proceso de desarrollo, muestra una raíz revolucionaria, patriótica y progresista, hasta entrado el último cuarto del siglo XIX. En este cuarto se incuba y se desarrolla la nueva fase del régimen capitalista de producción, es decir, la fase en que la libre competencia cede el paso al monopolio, es la fase imperialista del capitalismo, lo que marca el inicio del hundimiento de dicho régimen y con él su clase social típica, la burguesía. Ésta, ahora tenderá hacia la reacción, pues procura evitar el hundimiento del capitalismo.

De allí que la burguesía dominicana, igualmente se tornará esencialmente reaccionaria, pasando de un nacionalismo revolucionario a un nacionalismo reaccionario, decrépito y senil. Durante la primera república, 1844-1861, los postes fronterizos instalados por la burguesía, para la delimitación geográfica respecto a Haití, brotaban de un espíritu patriótico de defensa de la patria dominicana. Desde entonces, hasta nuestros días, se va a producir un vuelco sustantivo, en la burguesía, con el ascenso del capitalismo monopolista, a escala mundial; esta clase social abandona su postura progresista, se acomoda a la nueva situación de dominio colonialista imperialista norteamericano, vende la patria, se vuelve anti-patriótica e instiga los peores prejuicios en contra de los obreros haitianos.

La burguesía, a través de sus intelectuales, vive pregonando la necesidad de cuidar la patria, de hacer los postes fronterizos inconmovibles frente a las ¿“huestes”? haitianas, que tenemos que frenar la invasión pacifica de los haitianos, etc., etc.

Nosotros replicamos: ¡Señores burgueses ustedes no tienen calidad moral para hablar de patria!, ¿acaso no son precisamente ustedes quienes les han entregado la patria a la potencia imperialista norteamericana?, ¿acaso no son precisamente ustedes los que arrodillan la patria ante los mandatos anti-populares del FMI y el Banco Mundial?, ¿acaso no son precisamente ustedes los que abogan por la entrega de nuestros recursos naturales a las multinacionales monopolistas, porque hay que “respetar” la iniciativa empresarial; por consiguiente, sus prédicas patrióticas, no son patrióticas nada, son patrioteras, a las cuales los proletarios no debemos prestarles atención alguna.

Es con esa prédica patriotera y de pacotilla que la burguesía dominicana esconde sus verdaderos propósitos chovinistas y de ultraje en perjuicio de minorías nacionales que honradamente laboran en la República Dominicana, como son nuestros hermanos obreros cañeros. Los sobreexplotan, los golpean, los engañan y después no les conceden la jubilación como manda la ley. Contra esta injusticia mayúscula los marxistas no debemos permanecer inertes. Estamos en el deber de apoyar con firmeza a los martirizados obreros cañeros, a despecho de la burguesía.

IX. Nación opresora y nación oprimida

Del 1822 al 1844, los mandantes haitianos convirtieron a la nación haitiana en una nación opresora, en cambio, la dominicana, en proceso de formación, era una nación oprimida. La condición de opresora se la daba a Haití su poder económico-militar superior al de la nación dominicana en ciernes. La dominicana luchaba por separarse de Haití y constituirse en una nación libre; luchaba por el derecho a la autodeterminación.

En el curso de los siglos XX y XXI, la nación dominicana adquiere una supremacía económico-militar frente a la nación haitiana. Ahora, los mandantes dominicanos, de naturaleza esencialmente burguesa, mutan la nación dominicana en una colectividad estatal opresora y repliegan a la nación haitiana a una condición de nación oprimida.

Pero estas nuevas calidades no cuajan a la usanza de los siglos XVIII y XIX, cuando las naciones opresoras ocupaban militarmente el territorio de la nación oprimida. Se trata de que la economía dominicana es mucho más grande que la haitiana y, por tanto, resulta atractiva para miles de obreros haitianos desocupados. La burguesía y los terratenientes dominicanos los admiten, pero a cambio de que trabajen con salarios mucho más bajos que los ofertados a los obreros dominicanos, sin seguridad social, sin protección alguna, sin derecho a la sindicalización y sin derecho a jubilación, como ha acontecido con los obreros cañeros. De este modo la masa de plusvalía extraída a los obreros haitianos es mucho mayor que la aportada por los obreros dominicanos.

En diversas áreas de la economía nacional, los capitalistas dominicanos, por la condición que hemos expuesto, prefieren al obrero haitiano. ¡En este caso la burguesía dominicana de inmediato se olvida de toda su prédica patriotera!

Frente a esta situación, dado el hecho de que ahora la nación dominicana se ha convertido en una nación opresora frente a la haitiana, que sobreexplota a los obreros haitianos, en forma bárbara, que los maltrata y les niega sus derechos, que los engaña frecuentemente, los marxistas dominicanos condenamos firmemente a la burguesía dominicana y defendemos a los obreros haitianos y llamamos a la clase obrera tanto dominicana, como haitiana para que se unan y luchen contra el enemigo común, el capitalismo y el imperialismo, y por el socialismo.

x. La futura sociedad socialista

El proletariado dominicano y el proletariado haitiano, por su condición de clase, están llamados a encabezar la lucha, en nuestras dos naciones, en pos de la edificación de sociedades socialistas.

Una vez se establezca el socialismo en la nación dominicana e igualmente en la nación haitiana, las bases quedarán sentadas para emprender un proceso de genuina cooperación entre las dos naciones, de ayuda y respeto, de igualdad fraterna y de supresión de la explotación del trabajo por el capital. Nuestra lucha por el socialismo y el comunismo ha de ser indeclinable y resuelta.

08/12/2014

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