Maestro Odalís Pérez rechaza Academia de la Lengua otorgue premio a Vincho Castillo

5 enero, 2016 at 12:14 Deja un comentario

Cartas enviadas por el doctor Odalís Pérez a la directiva de la Academia Dominicana de la Lengua

Odalís Pérez

Odalís Pérez.

Lunes 21 de diciembre de 2015

Santo Domingo, D.N.

Señor

Bruno Rosario Candelier

Director Academia Dominicana de la Lengua

Atención: Directiva ADL

Su despacho

Muy estimado académico y amigo:

Aprovecho la oportunidad para saludarle y a la vez explicarle el motivo de mi comunicación.  Como muy bien usted sabe, la sociedad dominicana atraviesa por una profunda crisis de múltiple signo: cultural, moral, espiritual, económica, familiar e institucional. Ha sido convertida en un sociedad violenta y donde históricamente se ejerce y se ha ejercido la violencia en todos sus niveles.  Somos el producto de esta violencia en todos los marcos y grados de la vida social, aunque clamemos a Dios y recemos todos los días. Pero nuestra sociedad no nació así.  Ha sido su Estado y el Estado-Gobierno imperante los que la han convertido en violenta cada día debido a la inequidad, la injusticia, la inseguridad, la falta de derechos y oportunidades sociales y otros males que han logrado infectarla y ser lo que es hoy:  un escenario de agravios, agresividad, muerte, criminalidad, robo, abandono moral, pérdida de la confianza y, sobre todo, delincuencia, privación de derechos constitucionalmente establecidos o determinados y, como muy bien usted sabe, corrupción institucional, política y gubernamental.

Es por eso que, en el orden pragmático y argumentativo, cualquier propuesta de reconocimiento, ponderación, consideración, encubrimiento, premio a un sujeto, debe ser estudiada y sancionada institucionalmente, no sólo en su “estado” sincrónico, sino también histórico y temporal.

La propuesta de incluir a un sujeto para un premio o reconocimiento desde nuestra Academia no debe ser ponderada “a la ligera”, sino de una forma sobria, juiciosa, racional y sobre todo normativa desde el punto de vista ético y moral. Al presentarse una propuesta de “premio” al consejo de dirección o directiva, ella debe ser acompañada de un protocolo “valorativo” del sujeto particular, para que así dicha valoración funcione en su intencionalidad y conformidad ético-moral.

En fecha 10 de diciembre, según comunicación enviada a mi dirección electrónica, se sometió a nuestro consejo un premio a favor del señor Marino Vinicio Castillo, un conocido abogado, político y polemista dominicano, con la predeterminada intención de “premiar” a dicho abogado por el uso correcto y ejemplar del idioma español.  Claro está, dicha maniobra tuvo como artífice discreto y solapado al tesorero de nuestra Corporación, el señor Manuel Núñez Asencio, quien, siendo un conocido militante de la agrupación Fuerza Nacional Progresista (FNP), aspira a ser “diputado” por dicha organización político-partidista, y haciendo uso indebido de un estratégico tráfico de influencia, impuso por lo bajo esta propuesta oportunista y amoral, para autopromoverse políticamente, utilizando a la Academia Dominicana de la Lengua para este y otros propósitos de poder.  Lo que significa un manejo también “amoral” de nuestra institución, a los fines de “maniobrar” y utilizar la respetabilidad de nuestra Corporación desde una perspectiva “politiquera” y gananciosa a favor de su persona.

Estimado Bruno Rosario Candelier:

La Academia Dominicana de la Lengua no es una corporación política o politiquera.  Nuestra Corporación está conformada como una institución humanística, intelectual, profesional, educativa, cultural, crítica, formadora de sujetos públicos y privados, y en ella no deben tener lugar acciones dolosas, inmorales, amorales, politiqueras, sospechosas ni viciosas.

La República Dominicana y en particular nuestra Academia no debe reconocer, premiar o admitir a una persona porque utilice o “use” la lengua de manera correcta y ejemplar, pues el criterio de corrección y “ejemplaridad” no es suficiente para que nuestra Academia premie y reconozca a un sujeto solamente porque muestre un “uso” o fórmula comunicativa pública correcta para dirigirse a un sector u otro de la población.

Hablar “correctamente” no es una excepción, es más bien un deber ciudadano y cultural. Centenares de dominicanos y dominicanas, académicos y académicas ilustres  serían también merecedores de un “premio” o reconocimiento social por el buen uso y el desenvolvimiento lingüístico a nivel de “habla”.

Pero nuestra academia no es una empresa “premiadora” o “reconocedora” de tal competencia o valor. Ella es un cuerpo científico y humanístico que debe tomar en cuenta la producción “escrita” de un intelectual en el ámbito de su instrucción lingüística.

Aparte de que semejante ponderación a favor del señor Marino Vinicio Castillo adolece de respaldo real, científico y académico, es bueno y saludable para nuestra corporación evitar el empoderamiento y encumbramiento de políticos disociadores, intrigantes, contaminantes, solapados y amorales que quieren utilizar nuestra respetabilidad  académica para ganar nombradía o reconocimientos inmerecidos.

Pero, ¿por qué se premia a este político histriónico, megalómano, engreído y fabulador? El argumento es, según los firmantes, el siguiente:

“Por su condición de Maestro del derecho dominicano, su fecunda trayectoria en el ejercicio de la palabra con ejemplar exposición oral y escrita en enjundiosas disertaciones y edificadores artículos, su admirable oratoria y sus ilustradas charlas durante medio siglo en las que evidencia el uso correcto del idioma con riqueza de lenguaje y hondura conceptual, esta Academia honra con el Premio de La Academia A Marino Vinicio Castillo ( Santo Domingo, República Dominicana, 10 de diciembre de 2015”).  El Premio y el diploma expedidos llevan la firma del Director de la ADL, Sr. Bruno Rosario Candelier (Director), el señor José Enrique García (Secretario) y del tesorero-miembro y aspirante a diputado por la FNP, Manuel Núñez Asencio.

Semejante argumento, decisión y premiación carece de un respaldo científico, moral y académico, por cuanto el mismo no toma en cuenta la productividad textual de la persona en cuestión, esto es, un expediente debidamente documentado para que de manera específica y atinada se le premie por su contribución lingüística o literaria en su práctica de abogado, político o polemista. Los discursos y escritos de Adolfo Hitler, Trujillo, Pinochet y los grandes tiranos del mundo moderno y contemporáneo han sido escritos de manera impecable, correcta y ejemplar, y no por ello han sido premiados o deben ser premiados por sus respectivas academias de la lengua por sus llamados “valores lingüísticos”. Los propósitos encaminados a premiar personalidades  políticamente destacadas y por conveniencias grupales o partidistas constituyen una estafa moral a nuestro pueblo, habida cuenta de los muchos males que en el plano moral y social estos le han causado al país.

El otorgarle un reconocimiento a un político de la calaña del Dr. Marino Vinicio Castillo, justamente en un período electoral, coloca a nuestra corporación en un punto social oscuro que la contamina e infecta, y más si se trata del “móvil” de dicho premio o reconocimiento.  Usted muy bien sabe que lo que conduce a este supuesto premio es la “presentación” del jefe de la FNP de un libro políticamente racista, excluyente,  lleno de odio y violencia verbal que escribió el tesorero de nuestra Academia Manuel Núñez Asencio, aspirante a diputado al Congreso Nacional por el partido del abogado Marino Vinicio Castillo (FNP).  El libro que se puso a circular en nuestra Academia el jueves 10 de diciembre del año en curso fue presentado por este “político dominicano”. Dicho libro, titulado La dictadura del débil, es un libro monotemático de un autor monotemático y cuyas obsesiones prototalitarias, racistas, antihaitianas y supuestamente “duartianas” son de todos conocidas. Este documento es un panfleto, un escrito insultante, acusador, plagado de improperios, prejuicios exterminadores, demagógicos e incalificablemente portador de un odio profundo y visceral hacia nuestro vecino país; libro incitador a la violencia, a la provocación; escrito irrespetuoso de toda autoridad moral y desconocedor del valor ciudadano, ético y moral; libro virulento y sin respaldo lingüístico-cultural serio ni responsable; libro “calculadamente” electorero, politiquero y sobre todo con defectos verbales de lengua, redacción, ortografía, estilo y grafémica.

Pero el “tesorero” de nuestra Academia quiere “pagarle” a su amo por esta calculada y gananciosa presentación de su libro y, tomándonos como peleles y tarados, nos  implica en una maniobra indecorosa y amoral, utilizando nuestra Academia para catapultarse, encumbrarse en una próxima posición y función política como diputado.

Como miembro de número de esta venerable Corporación intelectual y sobre todo académica, estuve ausente el día de la convocatoria por motivo de compromiso docente en la UASD, donde por 28 años he ejercido la docencia. No pude faltar a un examen final debido a mi práctica ética y profesional como maestro de esa institución. Sin embargo, la convocatoria a esa reunión donde se le otorgó el Premio de la Academia al político y abogado referido no llegó a mi dirección electrónica acompañada de un expediente con documentos escritos (textuales) que demuestren el valor del contenido de dicha resolución de nuestra directiva. Ni tampoco de una Agenda (sic) que acompañe tal llamado o convocatoria con referencias, aportes, publicaciones o “valores escritos” que respalden intelectualmente la necesidad de la premiación en cuestión.

Estimado Bruno Rosario Candelier:

Usted no debe permitir que se utilice la Academia de la Lengua para semejantes maniobras personalistas, politiqueras y amorales. Es por eso que le pido ante todo cordura, sobriedad ante tal intento manipulador de otorgar reconocimientos y premios inmerecidos, sobre todo a “políticos” con una larga trayectoria de agravios al pueblo dominicano, pues usted sabe muy bien que esa “élite” se ha convertido en un cáncer social, una “plaga” devastadora que todo lo “pudre” en nuestra sociedad-cultura.

De ahí que, con su permiso y con el debido respeto, le hacemos un llamado a nuestra comunidad científica y académica para que juntos rechacemos, como en efecto lo estamos haciendo, este intento de agravio, daño y distorsión de nuestra función institucional y que, por lo mismo, preservemos nuestro espíritu formador, humanístico y promotor de los valores de libertad y moral de nuestra Academia. Rechazar esta “premiación” debe ser un deber ciudadano e institucional.

Atentamente,

Dr. Odalís G. Pérez

Miembro de número de la  Academia Dominicana de la Lengua

 

Texto de la segunda carta enviada por el maestro Odalís Pérez

Martes 22 de diciembre de 2015

Santo Domingo D. N.

 

Sr.

Bruno Rosario Candelier

Director Academia Dominicana de la Lengua

Con atención a los miembros directivos de la

Academia Dominicana de la Lengua

Muy distinguido señor:

Como ya le comuniqué en carta de fecha 21 de diciembre del año en curso, la İnstitución Pública Dominicana y el Estado-Gobierno dominicano han creado una sociedad violenta, corrupta y, como tal, fragmentaria y decadente, a tal punto que los males que hoy vive y sufre nuestra sociedad se deben a los malos ejemplos y las monstruosidades de la actual “tribu” política gobernante, responsable de la peor degeneración y los más destructivos ejemplos de representación político-social practicados en contra del sujeto público dominicano. Observe usted mismo los ejemplos de cada día.

La imagen de la sociedad dominicana actual es la más degradante de este siglo XXI que comienza, sobre todo por las acciones públicas de los protagonistas que dirigen la “cosa” política y estatal.

La desmesura “corruptora” que exhibe la cúpula mayor del Partido de gobierno y sus esferas de gobernabilidad reproducen cada día de su gestión los usos más ominosos y teratológicos que haya vivido el pueblo dominicano desde 1844 hasta el presente.  Esa cardinal de Estado es la que cunde en las instituciones dominicanas donde las maniobras de grupos de poder “asesinan” diariamente la democracia, la moral social y el código de las buenas enseñanzas que la familia dominicana transmite a sus miembros tradicionales. Resulta altamente sospechoso el hecho de que en medio de un clima electoral y políticamente conflictivo, nuestra Academia se embarque en otorgarle un premio a un político altamente controversial, pugnaz y que tiene tan alta tasa de rechazo social y a nivel personal, con un argumento tan “líquidamente” solapado, presentado por el tesorero-miembro de nuestra academia y aspirante, en las próximas elecciones, a un cargo de diputado por la FNP (Fuerza Nacional Progresista).

En efecto, los “ejemplos” son los responsables de “hablar” y actuar; los términos de comparación de un núcleo social son los responsables de la moral social cada día vapuleada, sometida, violada, dañada, golpeada y ensuciada por personalidades que, como la del doctor Marino Vinicio Castillo, han contribuido al estrangulamiento moral, a la intranquilidad de la sociedad dominicana y a sembrar los frutos por los cuales se le conoce, desde la palabrería engañosa, malsana y desestabilizadora de la moral social dominicana que practica y difunde en contra del estatuto democrático del sujeto sociocultural de nuestros días.

Ahora bien, que una corporación como la nuestra se preste a servirle a una farsa política bajo la falacia de que está premiando a “un Maestro del derecho dominicano” que se desenvuelve “correctamente” como hablante de la lengua española y de estrategias comunicativas de todos conocidas, no da derecho a que la institución “manipulada” y sólo con el acuerdo de algunos miembros, interesados políticamente, le otorgue un Premio de la Academia a un sujeto que no ha hecho carrera de académico, ni ha publicado tratados sobre rama alguna de las áreas del derecho, pero tampoco ha estudiado la relación entre lengua y derecho o derecho y escritura, nos parece un abuso, una tomadura de pelo y un estrangulamiento de la moral académica.

Bajo el pretexto de una supuesta “fecunda trayectoria en el ejercicio de la palabra (sic) con ejemplar exposición oral y escrita en enjundiosas disertaciones y edificadoras charlas durante medio siglo en las que evidencia (sic) el uso correcto del idioma con riqueza de lenguaje y hondura conceptual, esta Academia honra con el Premio De La Academia A Marino Vinicio Castillo

Permítame expresarle que esta premiación se produce el mismo día de la convocatoria a la reunión ordinaria o extraordinaria y a la Presentación del libro del licenciado Núñez Asencio titulado La dictadura del débil, y cuyo presentador es justamente el abogado y dirigente de la Fuerza Nacional Progresista, Marino Vinicio Castillo.  Ese acto de abuso de confianza y abuso institucional deja muy mal parada a la Academia Dominicana de la Lengua.

La propuesta de este adefesio hecha por el miembro y tesorero de nuestra Academia, Manuel Núñez Asencio, no podía ser otra, ya que como subalterno político del señor Marino Vinicio Castillo y aspirante a diputado por la FNP, responde a todo un trazado etnopolítico de tipo fascistoide y prototalitario, tal y como se puede leer en este libro que ofende a nuestra ilustre academia, no sólo porque el mismo (La dictadura del débil) está escrito por un “haitianópata” y un “negrópata” consumado, sino también por la sobrecarga y el sobrepeso de prejuicios raciales en contra de una comunidad humana y actual como lo es el vecino país Haití.

El odio patológico de ese “supuesto” humanista e intelectual que responde al nombre de Manuel Núñez Asencio transgrede los límites de la razón, promoviendo el discurso del odio y la intolerancia, odiando visceralmente todo lo que es Haití y lo haitiano. El odio de un miembro de nuestra Academia aliado a un político racista, racialista, provocador, calumniador, difamador y poseído de taras políticas y morales conocidas por los dominicanos de hoy, constituye un “expediente” de barbarie que no se debe “premiar”, toda vez que nuestra Corporación valora la verdad, no la mentira de la interpretación y del vivir dominicano de nuestros días.

Es por eso que disentimos y nos negamos  a “reconocer” semejante premiación a un hombre que ha dividido, disociado y dañado con sus acciones políticas la base de nuestro pueblo, de nuestra sociedad y de nuestra libertad de elección y pronunciamiento.

Atentamente,

Odalís G. Pérez

Miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua

 

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