Los hombres podemos comprometernos a erradicar la violencia contra las mujeres

Doctor Ángel Pichardo Almonte

Doctor Angel Pichardo Almonte.

En la República Dominicana diversos sectores han visto como preocupante las formas en cómo se han manifestado los actos de violencia de hombres hacia mujeres de manera cada vez más cruel: acoso, tortura, uso de sustancias químicas, como ácidos, y secuestro previo al asesinato.

Por otro lado, se hace cada vez más evidente que abandonar el espacio compartido con la pareja donde la mujer había sido sometida, no es garantía de preservar su integridad. Recientes feminicidios han ocurrido en otros espacios a los que la mujer ha recurrido para preservar su vida. Además, las agresiones se han extendido más allá de la mujer, siendo víctimas también sus familiares y personas allegadas.

Estamos frente a un problema que por estas características nos plantea diversos y nuevos desafíos para su prevención y erradicación. Como sociedad, tenemos la responsabilidad de erradicar todo tipo de violencia y promover formas saludables de relacionarnos, basadas en el respeto a los Derechos Humanos.

En relación al fenómeno de la violencia de género, se hace necesario que cada vez más hombres asuman un rol protagónico en la prevención de todas las formas de violencia contra las mujeres y al mismo tiempo profundicen en la asunción de nuevas formas de relacionamiento basadas en el respeto, la cooperación y el amor por las demás personas. Para esto se hace necesario abordar de forma sistemática el trabajo con hombres.

Partiendo de la experiencia que hemos tenido en el trabajo con hombres de diversos sectores y de diversos rangos de edad, hemos desarrollado herramientas que pueden ayudar a facilitar el proceso de reflexión y sensibilización de los hombres. Dichas herramientas, surgen de dos planteamientos que consideramos fundamentales en el trabajo con los hombres, los cuales son: Primero, crear y consolidar iniciativas creativas, en este caso en el trabajo con hombres, que trasciendan la clásica visión de hombre-agresor y mujer-víctima, y que incluya la diversidad de manifestaciones y tipologías de lo que significa ser hombre.

Segundo, hacer consciencia de cómo el machismo afecta a los mismos hombres, este planteamiento nos aporta a romper con la resistencia que genera el tema en muchos hombres, y hace evidente cómo las consecuencias de la masculinidad hegemónica también nos incluye a nosotros los hombres.

En lo referente a la primera parte, se hace necesario desarrollar una diversidad de tipologías del “ser hombre”, que describan las diversas formas en que se manifiesta este grupo heterogéneo de los hombres y que tenga, por tanto, un mayor alcance, con caracterizaciones más abarcadoras. A esta parte se han referido varios autores como por ejemplo Rojas Solís en su texto “Transformaciones socioculturales y aspectos de género: algunas implicaciones para el estudio de la violencia en pareja”.

Este reconocimiento de que existen diferentes formas de ser hombre ha llevado a la creación de teorías que buscan identificar las diversas tipologías o formas de manifestación de los hombres dentro de un mismo contexto espacio-temporal. Estos esfuerzos teóricos parten del reconocimiento del ser hombre como un grupo heterogéneo, cada vez más diverso. Por lo que plantear una forma de Masculinidad homogénea se quedaría corta teóricamente a la hora de tratar de abarcar una realidad sumamente diversa y relativamente cambiante.

Ante esta realidad podemos tomar por ejemplo autores como Rojas-Solís o el caso específico de Rafael Montesinos y Rosalía Carrillo que han aportado desde la investigación en México diversas tipologías de ser hombre que coexisten en el contexto mexicano contemporáneo.

No negamos, ni le restamos importancia al hecho de que socialmente todavía en muchos espacios esta forma de masculinidad “tradicional”, que hemos llamado Masculinidad hegemónica, es la que tiene primacía, un claro ejemplo de esto son las mismas situaciones como a la que hacemos referencia al principio de este escrito, ya que valores y características como el ser temerario, la autoridad, la fuerza, la razón, entre otras características todavía hoy socialmente se atribuyen y se espera sólo de los hombres.

Dichas características machistas o patriarcales que han sido y son cuestionadas cada vez más por el movimiento feminista a través de los estudios de género y ahora también desde el estudios de las masculinidades, y junto al trabajo que desde aquí se ha hecho, ha tenido un impacto en la gente en las formas de relacionamiento, lo que amerita nuevas conceptualizaciones teóricas de las distintas tipologías masculinas, que incluyan la caracterización de formas de ser de los hombres que se alejan de dicha masculinidad hegemónica.

Por lo que resaltamos que se hace necesario abrir el esquema de análisis del ser hombre a unas formas más abarcadoras que trasciendan el esquema de análisis dicotómico, estereotipado y rígido, para dar paso a nuevas tipologías más integrales y coherentes con la heterogeneidad del ser hombre. Partir de dicho esquema permite entonces desarrollar herramientas y metodologías de trabajo que vayan más acorde con la diversa realidad del mundo de los hombres.

Por otro lado, el segundo planteamiento va conectado con desarrollar herramientas novedosas y creativas en el trabajo con los hombres, por lo que proponemos la importancia de incluir en el trabajo con los mismos la creación de conciencia sobre cómo el machismo también afecta a los mismos hombres. El machismo como forma de expresión de la Masculinidad hegemónica, que se manifiesta en la imposición del poder a través de la autoridad o la fuerza, termina causando daño no solo a las parejas y familiares cercanos, sino a la vida en general.

Por tanto, muchas veces los mismos hombres terminan sufriendo las consecuencias del machismo y esto se ve reflejado en las enfermedades que padecen y en las principales causas de muerte, cómo pueden ser: afecciones cardíacas, cáncer y/o accidentes. Esto evidencia una estrecha relación entre la falta de expresión de nuestros sentimientos y emociones más profundos, la falta de reconocimiento de que podemos enfermar, así como también, conductas temerarias o no usar las protecciones adecuadas en situaciones en las que están expuestos a algún tipo de peligro.

Por lo que se hace necesario proponer una masculinidad diferente, una Masculinidad que hemos decidido llamar Masculinidad Solidaria, que es parte integral del paradigma de la Cultura de la Solidaridad. Por lo que aportar a una Masculinidad Solidaria implica reflexionar sobre las formas en cómo los hombres asumimos los que consideramos cuatro componentes fundamentales que se viven en la cotidianidad como hombres.

Referencia

Rojas-Solís, J.L. (2011, septiembre). Transformaciones socioculturales y aspectos de género: algunas implicaciones para el estudio de la violencia en pareja. Revista electrónica de psicología iztacala. 14 (3). 252-272. Recuperado de: http://revistas.unam.mx/index.php/repi/article/viewFile/27655/25607

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