República Dominicana también tiene sus talibanes fundamentalistas

Por Angel Pichardo Almonte

Los Rabakukus

Hoy día, a raíz de la derrota política sufrida por los Estados Unidos en Afganistán, y el avance y control de los talibanes en ese país, se ha vuelto la mirada hacia esa región y sus ancestrales conflictos.

Aunque pocas veces, durante los últimos 20 años, Afganistán fue referencia en los medios masivos de comunicación, hoy, como si fuera un fenómeno nuevo, se resaltan las formas con las que el grupo extremista sembraría nueva vez el terror en su propio país, sobre todo, se reabre el tema sobre el maltrato a las mujeres y niñas, como si estos abusos fueran exclusivos de los talibanes de hoy.

En el caso de los talibanes se recuerda que en los orígenes de esta agrupación, el mismo presidente Ronald Reagan en 1985, comparó a los muyahidines con la “moral equivalents” de los padres fundadores estadounidenses.

Esta agrupación religiosa-militar, con ayuda de los EE.UU., sirvió de fuerza de choque interna, y logró contribuir al derrocamiento del gobierno socialista en Afganistán, en el cual se había reconocido la igualdad entre hombres y mujeres, se contribuyó al florecimiento de las ciencias, las artes y la implementación de un ambicioso plan de desarrollo económico, político y social.

Los talibanes, fundamentalistas religiosos, lograron tomar el poder de Afganistán en los años 90 e impusieron la sharía o ley islámica, con lo que, a través del terror, imponen la negación de derechos y el retroceso de las ciencias y las artes.

Luego de los atentados de las torres gemelas en 2001, los Estados Unidos invaden Afganistán por la supuesta negativa de estos a entregarles a Bin Laden. Ocupación que se mantuvo hasta mediados de este año.

El fundamentalismo religioso está concebido como la asunción literal de los escritos que sirven de base a una creencia religiosa, no hay interpretación contextual, sino, literal de las llamadas escrituras sagradas y, sobre todo, la aplicación intransigente de las doctrinas y costumbres que de estos escritos se derivan.

En la historia de la humanidad se han vivido muchas experiencias de fundamentalismos, tanto religiosos como ideológicos, haciendo sentir sus consecuencias negativas por la persecución, discriminación, intolerancia y muerte que estos generan.

Con Talibán incluido, existe un problema de discriminación contra las mujeres que es sistémico e histórico, y que posee sus manifestaciones diversas según los contextos culturales y sociales.

En ese sentido, por un lado, se critican las burkas en Afganistán y, por otro, se promueve y aprueba en República Dominicana un Código Penal que obliga a una niña violada a continuar con un embarazo.

Pudieran existir muchas diferencias de formas entre una burka, un embarazo obligatorio y una Lipo con Louis Vuitton incluida, para ser reconocidas con “buena presencia”, sin embargo, lo esencial es la concepción en la que una élite se siente con la autoridad divina o política para imponer su visión de mundo sobre el resto de la población.

¿Cuáles son, en el fondo, las diferencias entre la sharía, la cual desconoce los derechos de las mujeres y la escolarización de las niñas y, en las llamadas democracias modernas, donde se habilitan códigos que obligan a las mujeres y niñas a preservar un embarazo sin importar si esta situación ha sido producto de una violación o puede comprometer su propia vida?

Otra expresión del fundamentalismo religioso en República Dominicana lo representa una congregación religiosa denominada “Los Rabakukus”, por los videos difundidos, con cientos de miles de visitas, se puede notar el estrepitoso crecimiento que esta secta viene desarrollando.

Lo inverosímil de esta situación que es tomada como si fuera una comedia, son los planteamientos extremistas a los que consideran “decarriao”, es decir, descarrilado, fuera de los planteamientos literales de la Biblia, llegan al extremo de no solo establecer códigos de vestimenta y prohibir en su entorno los colores “que son del diablo”, pasando por el trato discriminatorio a las mujeres, hasta como dormir con ropa “decente” para que cuando Jesús llegue “no les encuentre desnudos”.

El problema, muchas veces, es que no se toma con seriedad algunas de estas situaciones, no llegan a ser tema de conversación de los círculos intelectuales ni académicos, y si se hace referencia de algunos de los fundamentalismos existentes en nuestro país,  son tratados como minucias, restándoles importancia e impacto en la población.

Es como si se repitiera, en la versión del patio, la escena de “la niña del abrigo rojo” en la película La Lista de Schindler, con lo que Spielberg simbolizó la inacción de la sociedad frente a la presencia y avance del fascismo en Europa.

Ojalá que, como la xenofobia y la discriminación institucionalizada, el fundamentalismo religioso no se constituya en otra mancha que tinte de sangre nuestra historia, ante la mirada escurridiza y postura indiferente de la academia y sus llamados intelectuales.

Guardando las distancias, cada sociedad tiene sus gérmenes de autoritarismo dentro, el llamado a la atención debe reconocer los contextos y las manifestaciones de estas realidades.

Tenemos el compromiso de contribuir a la identificación para su denuncia y desarrollar la movilización social que trascienda la inacción y no permitirnos la afrenta de ningún mecanismo que pretenda instaurarse por vocación divina, militar o política como autoridad absoluta negadora del respeto a la vida digna para todas las personas.

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