Septiembre, un mes en la historia; recordando a Amín Abel, Homero Hernández y Jesús Diplán

Por Bienvenido Scharboy Almánzar

TEXTO CONFERENCIA

“SEPTIEMBRE, UN MES EN LA HISTORIA”

Muy buenas noches amigos, amigas, compañeros y compañeras que respondieron al llamado del Comité de Homenaje a las Heroínas y Héroes de nuestra patria y el Centro Cultural de Alianza Dominicana para conversar con ustedes sobre “Septiembre un mes en la historia”, con la tarea de recordar a los mártires revolucionarios Homero Hernández, Amín Abel Hasbún y Jesús Rafael Diplán Martínez, el “Comandante Chú”, entre otros acontecimientos dolorosos para nuestro pueblo y muy especialmente para las organizaciones progresistas y revolucionarias.

Quienes me conocen de cerca saben que en el contexto del movimiento social y político de izquierda no me gusta definirme como un periodista, pues, solo me refiero a esta condición como un trabajador, dedicado a ganarse la subsistencia, más bien trato de ser un comunicador promotor de ideas redentoras y un asiduo provocador de debates.   

Y, como “culebra no coge maco saltando”, para que sean benévolos en sus críticas a esta parte de mi exposición, les advierto que resulta una encomienda difícil referirnos a las virtudes de estos grandes hombres y a la vez esbozar con rigurosidad el contexto político en que ocurrieron estos alevosos crímenes.

Por lo antes citado, daremos algunas pinceladas sobre las características del régimen despótico, conocido como “los doce años del sanguinario Joaquín Balaguer” y tocaremos su retorno al poder en 1986 por otros 10 años, por ser el periodo en el que se consumó el crimen del “Chú” y la muerte de otros revolucionarios.

Al mismo tiempo iremos resaltando el papel de primera línea jugado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), por sus siglas en inglés. De la que es bueno precisar que en los años 60 su estación en la República Dominicana ocupaba el segundo lugar en el mundo, solo superada por la oficina en Saigón, Vietnam. Y que la misma, según el periodista Esteban Rosario, en su libro “La CIA en la República Dominicana”, jugó un papel fundamental en la organización de la Banda Colorá, la cual desempeñó un rol de principalía en la persecución y asesinato de dirigentes revolucionarios en nuestro país.

Parte del público asistente a la conferencia.

Algunos antecedentes: El ajusticiamiento de Trujillo

Posterior al tiranicidio de 1961, con la caída del dictador Rafael Leónidas Trujillo, el 30 de mayo de 1961, no terminó inmediatamente la dictadura, ya que, por largos meses los Trujillo se mantuvieron en el poder, hasta que fueron expulsados por la movilización popular en noviembre del mismo año.

La pérdida del miedo, la desarticulación de una parte del poder trujillista, el auge de los partidos y movimientos revolucionarios y su pujante movimiento obrero, etc., aportaron no solo a la libre práctica del derecho a las reuniones y formación de partidos, sino también, al desarrollo de una cultura política que aportaría a los grandes cambios democráticos en el país.

Todas estas situaciones se combinaron para propiciar la agitación, la participación y la conciencia hasta lograr en 1963 el primer gobierno democrático-liberal post dictadura, sin embargo, las políticas implementadas por Juan Bosch, chocaron con intereses foráneos, por lo que fue víctima de un golpe de Estado, con el que se instaló el llamado gobierno del Triunvirato y con el cual se intentó, nuevamente, someter a nuestro pueblo a la servidumbre a favor de las élites económicas, políticas y militares.

El 24 de abril 1965 estalla la guerra con la exigencia del retorno de la Constitución de 1963, y debido al auge de esta gesta, así como a la participación popular, la integración de los sectores progresistas de las Fuerzas Armadas, fuimos víctimas de otra invasión militar norteamericana, que logró frustrar los sueños de libertad y democracia del pueblo dominicano.

Posterior a la guerra lo que devino fue la imposición del gobierno de Joaquín Balaguer en 1966. Y cómo hemos señalado, con ayuda de la CIA, el apoyo de las élites económicas y una Policía Nacional adiestrada para el crimen, se desarrolló un proceso de desarticulación del movimiento revolucionario, persiguiendo, apresando, expulsando fuera del país a los dirigentes y cuadros revolucionarios, y en el peor de los casos, el asesinato selectivo de los principales dirigentes comunistas.

La lista es dolorosamente larga, crímenes que quedaron impunes, y sus asesinos siguieron cobijados en la Policía Nacional y protegidos por Joaquín Balaguer y los gobiernos sucesivos.

Junto a compañeros y una compañera del Comité de Homenaje a los Héroes y Heroínas de la Patria.

El papel de la CIA y la Banda Colorá

Al fallecido general Enrique Pérez y Pérez se le atribuyó la creación del denominado “Frente Democrático Anticomunista y Antiterrorista”, mejor conocido como la “Banda Colorá”, un organismo de persecución, represión y exterminio de jóvenes dirigentes revolucionarios y de otros opositores al régimen balaguerista.

Esta Banda operaba como un grupo parapolicial al servicio de Balaguer y desarrollaba su tenebrosa labor, principalmente en Santo Domingo, refiere el periodista Esteban Rosario en su libro “La CIA en la República Dominicana”, quien plantea, además, que las características del funesto personaje de Pérez y Pérez les parecieron idóneas a los agentes de la agencia para que este encabezara dicho grupo criminal.

Por otro lado, Nathalia Romero relata en un artículo publicado en el periódico Listín Diario que a la Banda Colorá se le acusa de haber asesinado a Tito Monte, Flavio Suero, Gregorio García Castro, y muchos otros más.

Otra acción criminal de la Banda, citada por Romero se refiere al asesinato de los jóvenes del Club Héctor J. Díaz.

“Uno de los actos más bochornosos y repudiados de esta banda fue el asesinato de cinco jóvenes que residían en el barrio 27 de febrero y pertenecían al club Héctor J. Díaz. Los cinco jóvenes fueron encontrados torturados y mutilados.”

Y continúa sobre este hecho: “Esto originó que el presidente Joaquín Balaguer para acallar las protestas y aparentar no estar de acuerdo con los hechos, cambió al jefe de la policía, el general Pérez y Pérez y nombró en su lugar al general Neit Rafael Nivar Seijas”.

Durante mucho tiempo, esta Banda estuvo también dirigida por Ramón Pérez Martínez – “MACORIS”.” Este mismo personaje, tratando de desvincular a Balaguer y a la policía de su rol en la Banda responsabilizó a agentes de la embajada de los Estados Unidos.

En este contexto caracterizado por la represión, el crimen, la corrupción y el latrocinio, es que se ejecutan los alevosos crímenes que rememoramos hoy. El primero contra Amín Abel Hasbún, el 24 de septiembre de 1970, y el de Homero Hernández Vargas, el 22 de septiembre de 1971, cuando solo faltaban dos días para cumplirse un año de que le quitaran la vida al inmortal Amín.

Amín Abel: una estrella que no se apaga

El asesinato de Amín fue un duro golpe para el movimiento revolucionario, especialmente para su partido el Movimiento Popular Dominicano (MPD), sin embargo, su partida física no ha impedido que a 51 años de su crimen este inmortal camarada continúe siendo un faro de luz que alumbra el camino de la redención de los oprimidos y oprimidas de nuestro pueblo.

Con el asesinato de Amín, la izquierda revolucionaria dominicana perdió a un militante comunista fuera de serie, a un líder de inconmensurables dimensiones, a un combatiente con un valor y coraje espartanos, así como a un intelectual joven, estratega político militar y a un pensador de la revolución y el socialismo.

Amín es uno de estos personajes históricos que por sus grandes dotes humanas es difícil calificarlo. Nació el 12 de octubre de 1942. Hijo de don Mahoma Abel y Liliana Hasbún, ambos de origen árabe, dedicados al comercio de textiles, en la ciudad de Santo Domingo.

Fidel Santana relata en su libro “Amín Abel Hasbún: Un gigante dormido”, que Amín y sus cuatro hermanos “tuvieron una infancia feliz, colmados de afectos y sin ningún tipo de limitaciones materiales”.

No obstante, a las comodidades citadas, Amín desde temprana edad mostró una gran sensibilidad humana, a través de una inclinación natural por ayudar a las personas pobres que le circundaban”, sostiene Santana.

Desde sus estudios primarios en el Colegio La Salle, hasta que se graduó de bachiller siempre obtuvo las mejores calificaciones. Igual hazaña escribió en la Universidad Autónoma Santo Domingo (UASD), donde pese a sus compromisos políticos y su condición de secretario general de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED), terminó sus estudios de ingeniería civil con notas sobresalientes.

Amín fue electo secretario general de la FED, en un congreso del gremio estudiantil celebrado el sábado 25 de enero de 1964, cuando apenas tenía 21 años. Fue miembro del Comité Universitario del 14 de Junio.

El día que estalló el movimiento cívico militar que derrocó al Triunvirato con el objetivo de reponer al profesor Juan Bosch en la Presidencia, el 24 de abril de 1965, Amín contrajo matrimonio en Puerto Plata con Mirna Santos y dos días después se traslada a la capital, donde se integra a los combates contra los remanentes del depuesto gobierno de facto.

Tras la intervención norteamericana y transformarse la revolución constitucionalista en guerra patria, Amín es enviado por el 1J4 a la zona norte de la capital, donde se integra bajo el mando de Roberto Duvergé, a las acciones contra la denominada “Operación limpieza”, que desarrollaban los gringos. Luego lo designaron subdirector de la Academia Militar 24 de abril, con la responsabilidad de desarrollar actividades de formación teórica a los  y las combatientes.

Ya en los primeros años del gobierno de Balaguer, en una de las divisiones que sufrió el 14 de Junio Amín pasa a formar parte del MPD, organización en la que desempeñó varios roles, entre ellos el trabajo de acompañamiento a campesinos de la región este y el norcentral, donde se calzó las botas utilizadas en el campo para labrar la tierra y se confundió con el campesinado.

Después de una tenaz persecución y ser condenado a muerte por su participación en el secuestro del coronel Crowley, Amín fue asesinado de un disparo en la nuca en la escalera de su casa, donde se encontraba con su esposa embarazada, su pequeño hijo y una trabajadora doméstica.  El sargento Hermógenes López fue el autor del disparo que le cegó al dirigente comunista.

Fusilamiento de Homero

Ahora nos toca evocar a Héctor Homero Hernández Vargas, mejor conocido como el comandante Homero Hernández, quien, a la hora de su muerte a manos de esbirros policiales, la mañana del 22 de septiembre de 1971, en las inmediaciones del ensanche La Fe, era el líder del grupo “Unión de lucha por una nueva Quisqueya”, surgido de una de las divisiones que sufrió el Movimiento Revolucionario 14 de Junio.

En sus acostumbrados escritos que titulaba “Para recordar y no olvidar”, el fallecido profesor y militante comunista Ariosto Sosa Valerio, algunos de los cuales publicamos en nuestro blog “El Desahogo Dominicano”, recuerda que Homero fue tiroteado por los agentes policiales, comandados por el sargento Juan María Arias Sánchez, tras ser interceptado mientras conducía su vehículo por la calle San Cristóbal, del Distrito Nacional,  a escasos metros del local del Partido Reformista de Balaguer, y era acompañado por su esposa Elsa Peña Nadal, quien tenía ocho meses de embarazo.

Arias Sánchez, con el rango de teniente, también fue acusado de ser el jefe del comando policial que asesinó al periodista Gregorio García Castro, el 17 de marzo de 1975.

Su esposa, Elsa, relató a la prensa cómo fue tiroteado el dirigente de izquierda a pesar de que no hizo resistencia a los agentes que lo mataron. Sostuvo que su cónyuge fue muerto a mansalva por los agentes que lo localizaron en la zona antes citada.

La muerte de Homero Hernández Vargas se sumó a la lista de decenas de dirigentes de izquierda asesinados en las calles de Santo Domingo y localidades de provincias durante el período 1966-1978.

El día de su muerte contaba con 29 años de edad, pues había nacido en 1942, en La Romana.

Resumen de su vida revolucionaria

Homero Hernández se destacó desde muy joven en la lucha contra la dictadura trujillista y luego de la muerte del tirano, fundó y fue el primer presidente de la Juventud Revolucionaria Dominicana (JRD) del Partido Revolucionario Dominicano; luego pasó a integrar las filas del Movimiento Revolucionario 14 de Junio, (1J4), del cual llegó a ser un alto dirigente por sus destacadas dotes de estratega, su valentía y liderazgo.

En el año 1963 participó en el movimiento guerrillero liderado por el doctor Manuel Aurelio -Manolo- Tavárez Justo y comandaba el frente Comandante Enrique Jiménez Moya.

Fue hecho prisionero y deportado en el año 1964, a Bruselas, Bélgica.

Regresó al país en el año 1965 y se integró a la lucha constitucionalista y el 25 de julio de 1965, participó en el combate de la Fortaleza Duarte, en San Francisco de Macorís, junto con Baldemiro Castro, Leal Prandy, –La Chuta- y Sóstene Peña Jáquez.

Después que a finales de mayo de 1965 un grupo de catorcistas fracasaran en su intento de establecer frentes guerrilleros en el suroeste del país, incluyendo el asesinato de Arsenio Ortiz, la dirección del 1J4 decide enviar hombres y armas, en el mes de julio, para preparar el asalto el día 25 a la fortaleza militar de San Francisco de Macorís y la comandancia de la Policía Nacional.

Para esta operación responsabilizan a Homero Hernández como comandante máximo. La operación fracasa por haber sido detectada por los servicios de inteligencia del gobierno, “fue una verdadera masacre; el día del alzamiento murieron alrededor de cincuenta personas”-

Dice el escritor Tony Raful que “las circunstancias en las cuales escapó el combatiente Homero Hernández (jefe del alzamiento) fueron espectaculares, ya que se disfrazó de sacerdote y burló la vigilancia militar de los registros. Este Homero Hernández venía forjando una leyenda alrededor de sus actos y acciones que proyectaba su partido 14 de Junio”.

En 1967 participó en un movimiento guerrillero junto a Amaury Germán Aristy y Amín Abel Hasbún, pero luego lo abandonaron.

Homero Hernández Vargas era perseguido por los agentes de la Policía, luego de que fuera acusado de participar en actividades comunistas. Era el líder de la Unión de Lucha por una nueva Quisqueya.

Los organismos de represión del Gobierno intensificaron la persecución contra la dirigencia de la izquierda dominicana a partir del mes de marzo de 1970, cuando fue secuestrado en Santo Domingo, el agregado militar de Estados Unidos, coronel Donald Jersey Crowley.

La antigua calle San Cristóbal, donde cayó Héctor Homero Hernández, lleva su nombre, y exhibe una tarja que describe todas las jornadas de lucha patrióticas, en las cuales participó, desde los catorce hasta los veintinueve años.

Con los compañeros Stephen Durham y Luis, representantes del Freedom Socialist Party (FSP), que asistieron a la conferencia organizada por el Comité de Homenaje a los Mártires y Heroínas de la Patria, en el local de la Alianza Dominicana, en Manhattan, Nueva York.

Los asesinatos de dirigentes revolucionarios, la infiltración de los movimientos políticos de izquierda, entre otras acciones, y la derrota militar de la expedición del coronel Caamaño en el 73, significaron duros golpes a la posibilidad de articulación de un proyecto revolucionario en la República Dominicana.

Todos estos golpes permitieron que Balaguer prolongara su mandato hasta 1978, cuando se vio obligado a abandonar el gobierno; y reconocer la victoria electoral del PRD; pero supo negociar impunidad para sus acólitos, que habían causado daños, sufrimiento y dolor al pueblo dominicano.

Sin embargo, por las malas gestiones de gobierno del Partido Revolucionario Dominicano y sus luchas internas, en el periodo 1978-1982, el déspota retorno al poder el 16 de agosto de 1982, permaneciendo en el gobierno otros diez años, sobre la base de los fraudes electorales y la imposición de la fuerza, aunque en un contexto político diferente al de los doce años.

Es en esta situación, que, en la coyuntura electoral de 1990, Joaquín Balaguer se impuso de nuevo mediante otro fraude con su Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), en contubernio con la Junta Central Electoral, en esta ocasión contra la candidatura del profesor Juan Bosch, postulado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

En medio de esta crisis político-institucional un sector de la izquierda que conformaba la Unidad Revolucionaria Caamañista (URC), integrada por el MPD, la Fuerza de Resistencia y Liberación Popular (FRLP), el Partido Comunista Dominicano (PCD) y el antiguo Partido de los Trabajadores Dominicano –Marxista-Leninista- (PTD) hicieron un llamado “Para salvar el país del desastre, anular las elecciones, sacar a Balaguer y la formación de un gobierno provisional”

Bajo esas premisas, en todo el territorio nacional se organizaron grandes jornadas de movilizaciones demandando la salida del poder de Balaguer y es en medio de estas circunstancias que es asesinado el siempre recordado Jesús Diplán. 

Jesús Rafael Diplán Martínez (Comandante Chú)

La noche o tarde del 28 de septiembre de 1990 recibí una llamada con una de las noticias más lamentables y dolorosas que he recibido, era la voz de Fidel Santana o Jesús Féliz, compañeros con quienes compartíamos en esos momentos la dirección del Frente Estudiantil de Liberación Amín Abel (Felabel), no recuerdo exactamente cuál de los dos fue que me dio la información del infausto hecho: “compañero lamento decirle que mataron al Chú y que debemos salir temprano en la mañana para el entierro en Licey”.

Esa noche no teníamos más detalles de su muerte, salvo que había sido asesinado por la Policía, en una comunidad de Salcedo.

En ese otro fatídico día para el movimiento revolucionario dominicano se había consumado el asesinato de un hijo de Licey Al Medio, Santiago, que había crecido en el seno de una familia humilde, en medio de incontables dificultades materiales, agravadas por la muerte de su padre, cuando Jesús era apenas un niño. La familia, numerosa, siguió adelante dirigida por Josefa Martínez, su madre.

Desde temprana edad el Chú mostró profundas inquietudes sociales, organizándose en el Felabel desde la adolescencia, destacándose como dirigente en el liceo de su comunidad, más tarde como miembro del Comité Regional del norcentral y como miembro del Comité Central, para luego dedicarse a las labores organizativas de su comunidad, creando diversos clubes y el Frente Amplio de Lucha Popular (Falpo), el cual llegó a dirigir a nivel regional.

A las filas del Movimiento Popular Dominicano (MPD) también llegó cuando era un adolescente, madurando su sensibilidad social hasta convertirla en una recia ideología revolucionaria y formándose como un cuadro comunista de grandes dimensiones, como lo evidenció su gran inserción en el seno del pueblo y su capacidad organizativa.

Con el sobrenombre de Roque y Geraldo se le conoció en diversos pueblos del norcentral y noroeste, donde realizó trabajos organizativos y donde se le veía aparecer con frecuencia, delgado, con botas y franela y con la vieja mochila remendada, confundiéndose entre la juventud humilde de los barrios y campos.

Los compañeros que le conocieron lo recuerdan en su actitud siempre exigente en el cumplimiento de las tareas y la disciplina, era regañón en las fallas; pero alegre y tierno, siempre saludaba con un fuerte abrazo y una amplia sonrisa.

En poco tiempo el Chú se ganaba el cariño de la gente y le gustaba hablar y compartir con los y las “compas” a quienes aconsejaba madurar y asumir la “cosa” en serio. Era violento cuando había que serlo y capaz de dar su vida para defender o proteger cualquier compañero en dificultades; el combativo y bravo comandante; el despierto, emprendedor, ejecutor ejemplar de sus tareas, el humilde que se comía lo que le brindaban, el hermano, ese era el inolvidable Jesús.

Como muchos otros emepedeístas, Jesús Diplán fue condenado a muerte por atreverse a abrazar la bandera roja y negra y ser un consecuente militante de la causa redentora de nuestro pueblo: LA REVOLUCIÓN.

Su muerte fue decidida semanas antes y ejecutada por un contingente de guardias y policías durante la huelga general que se realizó en todo el país del 26 al 28 de septiembre de 1990. Después de ser apresado, fue amarrado, golpeado hasta la muerte y arrastrado.

Murió con los puños cerrados, todavía hecho cadáver nos reiteró su disposición de lucha, murió confiando en que seguiremos peleando.

Los mártires de la Uner y el PTD

Para estar conforme con mi conciencia, porque para mí sería una traición a su memoria si no recuerdo que cinco días antes del asesinato del Chú, el 23 de septiembre de 1990, en medio de los preparativos de la huelga nacional por la salida del poder de Joaquín Balaguer, murieron los combatientes Eduardo Mármol, Jorge Oviedo García (Pedrito) y Ayanes De Frank, cariñosamente Ayanis y sobrevivió un compañero que superó las heridas recibidas.

Por las circunstancias que rodearon su muerte, mientras se encontraban en el local de la Unión Nacional de Estudiantes Revolucionarios (UNER), en el viejo edificio que alojaba el antiguo hospital Marión, muchas veces se tiene el temor de reivindicar su ejemplo y no debe ser así, los compañeros fallecieron preparando la resistencia contra un déspota, que pretendía perpetuarse en el poder y los métodos de lucha los imponen las clases dominantes y el Estado, por lo que hay gobiernos y coyunturas que solo es posible enfrentar con la rebelión.

Por eso siempre voy a enaltecer a Eduardo, Pedrito y Ayanis, porque ofrendaron sus vidas en aras de un ideal, no eran terrorista, el terror era encarnado por el tirano Joaquín Balaguer.

El 23 de septiembre de 2013, al recordar estos tres titanes escribí en mi blog “en mi vida cotidiana siempre he tratado de ser fiel al ejemplo de mis hermanos/as y compañeros/as caídos/as y no traicionar su legado; independiente de los sacrificios que debamos asumir; aunque, como siempre he dicho, vivimos en una sociedad en la que “la lealtad a los principios es un delito y la traición una virtud”.

Imitar su práctica para levantar la izquierda

Compañeras y compañeros, hay una condición de Amín Abel que cuando se habla de sus cualidades casi nunca es resaltada como se merece, nos referimos a su facultad como pensador y a sus variadas producciones teóricas sobre la realidad dominicana, la izquierda y su visión sobre América Latina y el mundo.    

Y debemos destacarla porque una de las grandes carencias que tiene ahora el movimiento progresista es la falta de pensadores y de líderes, que con sus agudos análisis vayan configurando un pensamiento, una teoría, o una filosofía sobre la revolución dominicana y las transformaciones que anhelamos para nuestra sociedad.

En ese sentido, Amín dejó un legado que está disperso y que las nuevas generaciones no conocen. Amín fue un gran escritor y en esa faceta dejó cuentos, entre los que se pueden citar “La Pistola”, con el que participó en un concurso organizado por el MCU, además ahí está su trabajo “Proyecto de Línea Estudiantil”, escrito en marzo de 1967, así como sus apuntes de un libro que estaba escribiendo titulado “América Latina busca su camino”.

También dejó artículos escritos en La Victoria, entre ellos uno sobre el Miedo, escrito el 19 de marzo de 1969, en el que relata “la lucha que se desarrolla entre el interrogador y el interrogado, entre el verdugo y el torturado” y la “incomparable superioridad moral del revolucionario –aunque sea el interrogado, el torturado o el fusilado- sobre el esbirro que interroga, tortura y mata”.

Otra faceta no resaltada es el amor que sentía por su compañera y su hijo, que lo llevó muchas veces a arriesgar su pellejo para verlos y cumplir con requerimientos que demandaba el compromiso con su pareja y su vástago, cuyos sentimientos están plasmados en varias cartas a Myrna,

Recientemente los compañeros del MPD me hicieron llegar una artículo inédito de Amín titulado “Divisiones de los partidos de oposición”, que entre una de las cosas que plantea es cómo “la historia y lo hechos demuestran, cuando una política fracasa la lucha interna y la división aparecen en los partidos que la sustentan”. Y una vez apareció un artículo de su autoría sobre la Tenencia de la Tierra en la Región Este.

Compañeras y compañeros, a partir del 16 de agosto de 2020, con el desplazamiento del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) del gobierno y el ascenso del Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), en el país se vive una nueva coyuntura favorable al desarrollo de las fuerzas revolucionarias.

A menos de un año en el ejercicio del poder, el nuevo gobierno no guardó las apariencias y se desveló como un gobierno más entreguista, más servil a los Estados Unidos, y a sectores oligárquicos, que otros. También ha entregado el Estado como un botín a grandes empresarios, representantes de la oligarquía, a través de las llamadas alianzas público-privadas y se ha profundizado la política neoliberal y el endeudamiento externo.

En un flagelo en que el Gobierno del PRM también ha ido muy rápido y quizás va en camino de establecer un récord, es la cantidad de actos de corrupción que se han destapado en tan poco tiempo, incluida la relación de dirigentes del partido oficial y de oposición con el narcotráfico.

El pueblo ha cargado y seguirá cargando con la crisis económica, la cual se ha profundizado luego de la pandemia del COVID-19, sin embargo, la izquierda no ha podido superar el nivel de atomización en que se encuentra, se observa sin rumbo y navegando en un mar de consignas alejadas de la realidad y de los anhelos inmediatos del pueblo.   

El polo progresista debe rescatar la valentía, la firmeza, el arrojo, el sacrificio, la capacidad organizativa, la combatividad, humildad, entereza moral y el apego a los principios del marxismo-leninismo como guía para la acción y volver a convertir a la izquierda dominicana en un referente moral y político.

Es necesario unir a los que coincidan en la necesidad de construir un espacio progresista, con vocación de poder, para que deje de ser una izquierda virtual y plantee propuestas al pueblo que generen acciones con capacidad de movilización e inserción en la población.

Es necesario trabajar en la renovación del espíritu militante y elevar la vocación de poder, porque las transformaciones a las que aspiramos solo son posibles desde el poder, pues, el mismo Lenin planteó que “salvo el poder, todo es ilusión”.

VIVIMOS PARA LUCHAR, LUCHAMOS PARA VENCER

¡PATRIA O MUERTE VENCEREMOS!

Bienvenido Scharboy Almánzar

Manhattan, Nueva York

24 de septiembre de 2021

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