El viacrucis de la izquierda dominicana*

Por Jackson Pichardo

La izquierda dominicana viene trillando un largo camino de desencuentros con las grandes masas populares, con las cuales compartió su vanguardia en algunos momentos estelares de su accidentada historia.

Fue en las décadas de los sesenta y setenta, que el noviazgo pueblo e izquierda llegó al clímax, influido esto por factores geopolíticos de confrontación ideológica este-oeste, además de una situación interna de tránsito de una dictadura a gobiernos de facto con algunos tintes democráticos y finalmente una democracia de fachada, de la cual aún disfrutamos al ‘’máximo”, en estos albores del siglo XXI.

Nadie que se precie de ser mínimamente honesto se atrevería a regatear el invaluable aporte histórico de la izquierda, a que por lo menos hoy los dominicanos tengan el derecho a la libertad de expresión sin el temor apremiante de temer por la integridad física, fruto de exteriorizar sus ideas.

Naturalmente, esto tiene sus excepciones y ahí está, silentemente acusador, el caso del profesor universitario Narciso González como un fiel testimonio de que aún no se disfruta de una democracia plena, de que existe una democracia formal no real, pero que en esencia no es más que una parodia macondiana, donde existe una eterna claque que dirige a las grandes mayorías por los caminos de la demagogia y la corrupción.

Hoy más que nunca la izquierda se encuentra atomizada, aislada, dispersa, debido a que el pueblo, ese que baila bachata, se monta en una yola para irse a Puerto Rico, bebe ron, usa teléfonos celulares último modelo, ese mismo pueblo, no logra conectar sus aspiraciones materiales más inmediatas con las consignas y clichés que se escuchan esporádicamente desde algunos núcleos de izquierda.

Al pueblo no sentirse identificado con el discurso de la izquierda y ésta basar su débil accionar en consignas intangibles para la comprensión y asimilación de las masas, trae como consecuencia que la rancia derecha conservadora, marque las pautas del debate político cotidiano en la República Dominicana.

La izquierda debe revisarse, y esto no debe significar claudicar en los principios éticos y sociales que les dieron origen, aquellos que plantearon la construcción de una sociedad más justa, donde todos los ciudadanos tengan acceso garantizado a los servicios básicos, tener los mismos derechos ante la ley, y otras tantas cosas que siguen hoy día sin resolver.

Pero esto solo podrá ser posible si la izquierda se hace una introspección ideológica y de ahí elaborar un verdadero discurso que, acompañado de una práctica política que sea coherente y consecuente, busque unir las aspiraciones populares con un proyecto de izquierda que haga planteamientos de soluciones a los problemas nacionales, que las grandes masas puedan asumir como reales, sensatos y viables.

El momento que atraviesa el mundo y la República Dominicana es propicio para el cambio, debido a que objetivamente las grandes mayorías se están viendo amenazadas por un sistema económico neoliberal que erosiona cada día más su nivel de vida, que destruye el medio ambiente, que descuida la salud pública, que fomenta y permite todas las formas imaginables de corrupción, lo cual deja como resultado el escenario dantesco que hoy se vive.

El trabajo que la izquierda debería priorizar es el ideológico, prepararse para dar la batalla de las ideas y esto no se logrará con paros, consignas ni con figuras mesiánicas, sino más bien clarificando las ideas necesarias para mostrarle al pueblo salidas a la crisis profunda en la que se encuentra inmerso, hacer un plan de trabajo en el que se compagine el discurso con las aspiraciones populares y sobre todo dejar sepultado de una vez por todas ese aire doctoral de ser los depositarios absolutos del conocimiento político, que alguna vez exhibieron los dirigentes de la izquierda dominicana.

Probablemente una buena dosis de ideología, disciplina y humildad ayudarían a la izquierda dominicana a relanzar un proyecto de nación que pueda dar al traste con el actual modelo neoliberal que hoy día empobrece aceleradamente a la República Dominicana.

*Escrito en el 2009; pero por su vigencia el autor deseó compartirlo en la actualidad

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