El silencio ante lo injusto, no es prudencia, se llama complicidad

Por Pablo Ferreiras Pérez

Dar la espalda, plantearse ignorar el viacrucis que padecen  seres humanos, únicamente por ser descendientes o nacidos en Haití, es un acto inmoral.

Ver cómo se manipula a un pueblo, al que le han negado el derecho a la educación liberadora y tomar partido a favor del más fuerte,  es un acto irresponsable.

Los haitianos, indocumentados y pobres, son la fuente de riqueza para un puñado de empresarios que tienen por patria y religión sus ganancias por encima de lo legal; estos empresarios explotan de manera salvaje a esa mano de obra que adquieren por salarios mucho más bajos que los que se les pagan a  los dominicanos. Contratan a esos jornaleros, violando las propias leyes laborales que mandan a preferir al dominicano frente al extranjero.

Los modernos edificios de la Capital y Santiago, han sido levantados gracias al sudor y sangre del obrero haitiano;

Las grandes edificaciones de las zonas turísticas del Este del país, se construyen explotando la barata e indefensa mano de obra haitiana;

La clínica misma del Ministro de Salud, se edificó pagando miseria por el sudor del «echa día» venido del occidente de la isla;

El pollo lo cría y lo transporta el haitiano;

El cerdo, lo cría y lo transporta el pobre diablo haitiano.

Las casas del gran empresariado, la cuida, la limpia y la vigila los hijos de Toussaint Loverture; las casas veraniegas de banqueros, políticos corruptos, generales millonarios las cuidan ellos, los haitianos.

Los plátanos, los guineos que se comen y exportan, son haitianos los que lo faenan.

¿Por qué tanta hipocresía?

¿Por qué tanto patriotismo de hojalata, frente al pobre y desvalido?

Todo el que tiene «dos dedos de frente» sabe que en Haití es imposible consumar un proyecto de unidad nacional, no lo es porque no tiene el fundamento material para construir ese proyecto. Lo saben los trujillistas, luego balagueristas y hoy nuevos apóstoles del patriotismo nacional.

Ellos saben que la tragedia de ese pueblo, es una tragedia humana. Saben que ningún informe de inteligencia les indica que el interés del pueblo haitiano se encamina a invadir territorio alguno; ellos saben que lo que ese pueblo busca es un pedazo de pan y un trozo de cielo estrellado bajo el cual gemir sus miserias, por eso «venden» su fuerza de trabajo a precio de pobreza.

Estos hipócritas, explotadores y enemigos del pueblo dominicano también, saben con claridad meridiana que ningún ejército interventor se conforma con bando de infelices parados en semáforos pidiendo ayuda; ningún ejército interventor tiene a sus soldados viviendo en nuestros barrios y campos deambulando, recabando la solidaridad del noble pueblo dominicano. Ningún proyecto invasor se construye con mujeres adolescentes y jóvenes prostituyéndose en nuestros campos, en los puntos de droga. Lo saben muy bien estos explotadores del pueblo dominicano.

Por eso mienten, por eso citan cifras falsas y falseadas. ¿Qué buscan? Inocular miedo y odio a nuestro pueblo. Miedo y odio para que pobres odien a pobres. Miedo y odio para que miserables que hablan español aporren a otros miserables que hablan patois.

Al infundir odio, desunen y dividen al pueblo mismo. Logran que se aborrezca la negritud, que se aborrezca al pobre.

Por eso, tornarse indiferente, es hacerse cómplice de lo injusto; es apoyar el abuso del fuerte contra el débil y desprotegido.

Porque no acepto las injusticias, denuncio y me opongo a que se siga el juego a estos apátridas que suenan tambores y trompetas de guerra, que ellos saben que nunca habrá; pero peor aún, que ellos saben que nunca pelearán esa guerra que agitan.

Nuestro pueblo ama la paz, es heredero de un patriotismo puro, que luchó por lograr la independencia y soberanía de nuestras tierras, pero no para desaparecer a la nación haitiana; nuestras guerras independentistas buscaban simplemente garantizar nuestra condición de libres e independientes.

¿Se identifican estos patriotas del erario nacional con la identidad de la nación dominicana? Lo dudo. Estos carajetes se hincan y lamen las botas del verdadero invasor, así lo han hecho siempre. No llegan ni a patriotismo de hojalata. Son un bando de corruptos y depredadores del Estado dominicano. Son un bando de entreguistas y cipayos frente al imperialismo que sí nos roba nuestras riquezas y nos borra la identidad nacional. Callar frente a estos fascistas, es hacerse cómplice de sus demenciales y antinac

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