El significado de “darle paso a la juventud” en la izquierda dominicana

Por Bienvenido Scharboy

En las redes sociales es muy común que cuando planteamos una posición, ya sea en una especie de alerta o en un artículo de fondo, compañeros y compañeras tergiversan nuestras propuestas y evaden discutir el problema central que se somete a la discusión colectiva.

El pasado jueves coloqué en mi muro de Facebook el siguiente mensaje: “Una enseñanza del proceso electoral chileno para la izquierda dominicana: Hay que darle paso a la juventud”. De inmediato, la idea ganó apoyo con los acostumbrados “Me gusta”; pero no faltaron quienes mal interpretaron mi posición y la retorcieron, para, en el fondo, justificar negarle un espacio que se ha ganado la juventud combatiente en las direcciones de las izquierdas dominicanas.

En ese sentido, aunque por suerte es un reducido número, surgieron ideas como “no creo se le ponga obstáculos a la juventud, la juventud se debe ganar las posiciones”, “jóvenes o viejos debemos ganarnos el corazón de nuestro pueblo, la gloria no es un regalo, hay que ganársela”.

De igual manera, hubo una ligereza al comparar a la juventud revolucionaria con personas con ideales conservadores y reaccionarios al indicar: “conozco a miles de jóvenes físicamente, pero son más conservadores que Balaguer. Incluso muchos Alcaldes de la Republica Dominicana son jóvenes pero son tan gatos como Félix Bautista”, una especie de análisis sin brújula.

Otro estimado compañero escribió: “Lo que pasa es que visto así como lo planteas, amigo, pareciera que la juventud debiera esperar que le asignen roles. No, la juventud toma el papel que le corresponde” y prosigue “si no lo hace y se sienta a esperar que los viejos se lo asignen, entonces, no es juventud, es lastimosamente más vieja que sus predecesores”.

Como se puede observar, con estas respuestas sus autores me atribuyen cosas que no he planteado e interpretaron a su manera el significado de mi mensaje de “darle paso a la juventud.

Una característica común en los compañeros que me han tergiversado, es que todos son viejos militantes o dirigentes de la izquierda revolucionaria, con grandes méritos; pero ninguno representa a la nueva generación o nuevas generaciones de luchadores marxistas, socialistas o comunistas, y eso me satisface.

Las posiciones de los citados compañeros se parece un poco a la de los enemigos de la cuota asignada a las mujeres por ley de los cargos electivos, sobre la cual he escuchado voces progresistas decir “que las mujeres tienen que ganarse los puestos”. Imagínense si establecido por ley los partidos violan la disposición, que sería si se deja al libre albedrío de sus dirigentes.

Negar el rol de la juventud en los procesos de transformación o cambios, es desconocer nuestra historia y muy especialmente la del movimiento revolucionario dominicano.  En las últimas décadas, los liderazgos progresistas han salido de la flor innata de la juventud dominicana y ejemplos hay de sobra.

Una de las razones del anquilosamiento de las organizaciones de izquierda es la falta de renovación en su dirigencia. Hay mesías y predestinados que se niegan a admitir que deben dar paso a una nueva generación, a las que deben acompañar en su proceso de formación y fortalecimiento ideológico, a las cuales deben dar lecciones de desprendimiento, con su renuncia a ser cabezas de ratón y no cola de león.

Darle paso a la juventud es no torpedear el surgimiento de líderes y lideresas jóvenes, a lo interno de las organizaciones, que se han fraguado en la lucha en sus diferentes frentes de masas o acompañando a sectores de la población en la lucha por sus reivindicaciones.

Solo hay que hacer un pequeño ejercicio de introspección a lo interno de las organizaciones progresistas y chequear la composición de las direcciones y se darán cuenta de la ausencia de mujeres y jóvenes fraguados en el combate de la lucha popular y política, en su seno

La dirigencia de la izquierda dominicana es añeja, de dos, tres, cuatro y cinco décadas al frente de sus organismos máximos, que; aunque dotada de grandes méritos, rompió con lo que he llamado el “cordón umbilical” entre los/as viejos/as y experimentados/as dirigentes y las nuevas generaciones, por eso no ha surgido un liderazgo nuevo, cautivador de las grandes masas, como en otrora.

Es hora de imitar ejemplos como el de José “Pepe” Mujica, que no se enquistaron en el poder y le dieron paso a otros y otras y desdeñar la cultura de creerse predestinados como Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa, con la cual han hecho e hicieron mucho daño a procesos democráticos-liberales, por sus ambiciones personales.

Un comentario

  1. Saludos; pienso que tu has tratado el tema desde una perspectiva más allá de las denominaciones de izquierda. Claro que sí, pues tú y yo sabemos cual es el rumbo que éstas han tomado: entre aislamiento político-electoral, hasta complicidad política-electoral. Te quiero mucho, salúdame a Mayra y los sobrinos. Guillermo Severino.

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