Notas sobre el déficit de la Vanguardia Comunista, y la cuestión de su nominación

Por Félix Severino

  1. Crisis y Recomposición Capitalista, y el Derrumbe de la Utopía Socialista

Una de las conclusiones fundamentales del marxismo, validada con la evolución histórica y el desarrollo de las relaciones de producción capitalista es que la acumulación burguesa, además de la explotación y desigualdad que representa, el crecimiento económico conducen a un empeoramiento de las condiciones relativa de vida de las gentes y los trabajadores. Es en dicha naturaleza sistémica que reside la necesidad de su superación y transformación revolucionaria, en pro de una sociedad que armonice las capacidades creciente de generación el bienestar y su acceso efectivo de parte de los trabajadores y de la población en general.

Es importante acotar que ese proceso de desarrollo y acumulación burguesa conduce de manera inexorable a las crisis cíclicas o recurrentes de su proceso de reproducción, empeorando dichas condiciones de vida de la población, expresadas como caídas de nivel de empleo, particularmente productivos, caída de las tasas medias de ganancias, crisis económicas, financieras, monetarias, tantos en los centros imperialistas, como en los países periféricos de este sistema global.

Las crisis de salud mundial estalladas con el Covid 19 ha desnudado las incapacidades estructurales de este ordenamiento socioeconómico para dar respuestas a los viejos y nuevos problemas sociales y de salud de la sociedad contemporánea.

Como afirma la tesis del II Congreso, tanto previo como después de la de dicha crisis sanitaria
global, las luchas rebeldía de los pueblos se mantienen latente, y potenciada, multiplicándose
en todas los países y regiones, potenciando las posibilidades de cambios revolucionarios a escala planetaria.

Si esto ha sido así, porque esas grandes luchas, rebeldía y movilizaciones a lo largo y ancho del planeta, incluidos los principales centros imperialistas, no se han traducido en transformaciones revolucionarias.

Las razones son múltiples, pero una de las más trascendentales y profundas tienen que ver con
los factores de subjetividad que permitirían transformar situaciones pre revolucionarias en revolucionarias. Una de ella está directamente conectada con la utopía redentora, que fue nefastamente desfigurada no solo por incapacidades propias de las fuerzas revolucionarias sino también por la acción dirigida y consciente de las fuerzas políticas anticomunistas, e imperialistas.

El derrumbe del campo socialista representó una gran oportunidad para el capitalismo mundial,
pues como nunca antes pudo constituirse realmente como sistema acumulación burguesa global, integrando en un solo mundo y un sistema económico y financiero a todo el globo terráqueo, dándole con ello una estocada casi mortal al proyectos socialista y de construcción
de un mundo basado en la solidaridad y la dignidad del ser humano.

La derrota ideológica que obtuvimos las fuerzas revolucionarias con el derrumbe del bloque socialista; y el relanzamiento del capitalismo con el neoliberal global hace 50 años, esto impactó de forma muy sensible todo el movimiento social y político global en cada uno de nuestros países y regiones. El pensamiento ideológico contestatario fue sensiblemente golpeado, y las organizaciones laborales, campesinas, comunitarias, se desarticularon y debilitaron de manera muy sensitiva.

A pesar de las crisis recurrente de la sociedad burguesa contemporánea, y el empeoramiento de las condiciones de vida de las gentes, los tanques propagandístico dominantes aseguran la
hegemonía de la ideología individualista sociales, religiosas y políticas, La ideología de la solidaridad fue casi aniquilada, lo que facilitó el surgimiento de falsas propuestas redentoras, pues se erigían sobre las bases egocéntricas, personalistas, nacionalistas, normadas por la ley de la acumulación individual y la explotación.

Es importante entender que todo ello no ha sido culpa e incapacidades exclusivamente propias,sino que detrás de todo ello ha operado una mano consciente, y muchas veces visibles. Las manos de las vanguardias y estados capitalistas, las manos de los estados imperialistas, y sus agencias de inteligencias operando como vanguardias organizadas para provocar estos resultados.

Este es uno de los grandes retos de las fuerzas revolucionarias. La necesidad de recuperar el ideario y la utopía revolucionaria. Recuperar el ideario de solidaridad entre seres humanos, entre culturas, y entre naciones. Es nuestro gran reto, recuperar el ideario socialista y comunista sobre la base del conocimiento objetivo de la sociedad actual, y sobre la base de una acciones multifacéticas que implican no solo relanzar y recuperar la vanguardia, sino la capacidad organizativa de la sociedad, y creación de medios para fomentar una nueva cultura, y una nueva ideología colectiva de la solidaridad y la defensa de conquistas colectivas y del destino común como sociedad y como especie.

La recuperación del ideario, y utopía socialista, popular, participativa, y comunista se hace fundamental para hacer viable la transformación revolucionaria del mundo actual. La recuperación de la utopía comunista requiere de la lucha ideológica en todos los frentes, de crear nuestros propios medios y tanques de propaganda y contrapropaganda, de la educación
sobre la base de la ciencia, de la organización social y política diversa.

El imperialismo y sus instituciones, incluidas sus agencias de generación de pensamiento y propaganda, están muy conscientes de todo ello, por ello su afán de bloquear, e impedir el éxito de cualquier intento popular alternativo al capitalismo.

2. La Lucha Ideológica y las Nominaciones Políticas

En este orden y contexto es que creo se debe plantear la cuestión del nombre o denominación.
No es una cuestión de mercadeo, o mera publicidad.

La cuestión del nombre tiene su valor en marco de la lucha ideológica a las que nos enfrentamos, que van más allá de la vulgar y enajenante mercialización de mercancías. Estas batallas requieren esfuerzos multidimensionales no sólo para recomponerse de la derrota sufrida en los últimos 50 años.

Está claro que reconfigurar la utopía y el mito emancipador resquebrajado no solo por el derrumbe del campo socialista, sino por la acción dirigida por los tanques de pensamiento y la
propaganda de la ideología dominante requiere algo más que un nombre, sin que esto implique desdeñar su valor en la sinterización de tus propuestas, y la clara difusión y educación en torno a la naturaleza y alcances tanto del proyecto emancipador, como de los objetivos transformadores a largo plazo.

Por ello creo que el debate no debe plantearse simplemente entre las disyuntivas MC vs PCD, pues ambas nominaciones a pese, y al margen del discurso político e ideológico de corto y largo plazo, no tendría ninguna significación. Lo fundamental en entender hasta dónde, y de qué manera ello pudiera facilitar o permitir avanzar hacia la construcción de una nueva hegemonía donde esté vigente el ideario de una nueva construcción colectiva y solidaria no solo como utopía o proyecto viable a largo plazo, sino como realidad plausible para enfrentar los problemas cotidianos de los trabajadores y el pueblo en general.

Es una cuestión de construcción de una nueva cultura política revolucionaria. En ese sentido creo que nuestros medios, y propaganda, nuestra propuestas superadoras deben insistir en demandas y conquistas ganadas a lo largo de décadas de luchas, y que están plasmadas como letras muertas en nuestra propia constitución, a pesar de su carácter eminentemente conservador. Demandas y derechos como la socialización de la salud, a la educación, al trabajo, a la seguridad social, etc. En ese sentido suscribo la idea de que haya una cierta correlación entre el nombre y las propuestas estratégicas de la organización revolucionaria sobre todo con aquellas de muy largo plazo como la socialización, del poder popular, y la construcción comunistas como propuestas superadoras del modo de dominación vigente.

La tesis del segundo congreso del Movimiento Caamañista (MC) sobre la cuestión de la vanguardia no tiene desperdicio y nos plantea múltiples tareas políticas y organizativas en el mediano y largo plazo.

3. La Conquista, y la Construcción del Poder

La asunción del socialismo científico es fundamental en esta gran batalla de las ideas, y de las propuestas alternativas al modo de producción capitalista. El socialismo asumido como proceso complejo de construcción de la sociedad comunista. El Socialismo asumido como encarnación de aspiraciones ancestrales de igualdad, sino sobre todo como demandas impostergables en materia de socialización de la los procesos, y de las fuerzas productivas, y en materia de democratización del poder hegemonizado por las fuerzas del trabajo y los mejores intereses de la gente.

Tal y como enuncia la tesis sobre la vanguardia de nuestro II Congreso, la construcción de la vanguardia se hace impostergable.

Debemos tener claro que las vanguardias revolucionarias deben contar con una estrategia de construcción revolucionaria, que les permitan no solo plantarse la toma del poder burgués, sino también orientarse en ese largo proceso de construcción del nuevo poder alternativo representativo del modo de producción y sociedad emergente.

La sociedad comunista debe ser la aspiración suprema, o aspiración estratégica de toda fuerza revolucionaria. Las experiencias de todos tipos, particularmente en AL, nos muestran como fuerzas de vanguardia perdieron su vocación transformadora al dejarse entrampar por esa lógica de lo posible, y de salvarle la crisis a las oligarquías locales.

La estrategia de construcción alternativa debe diferenciar el problema de la conquista del poder con el la de la construcción del poder alternativo, en todas sus vertientes, popular, obrero, comunal. Venezuela representa un ejemplo de esa larga batalla en medio de la agresión imperialista más feroz.

La mayoría de los procesos revolucionarios triunfantes castrados, y/o mediatizado tienen que ver con estas cuestión vital para la sobrevivencia del proceso revolucionario a mediano y largo plazo. Reducir el problema del poder a la cuestión de la toma o conquista del poder por parte de la vanguardia, ha terminado con la degradación revolucionaria de esas fuerzas, que terminaron marginándose de sus raíces obreras y populares, y se dedican administrar un poder estructurado para perpetuar las relaciones de explotación burguesa.

Tal como ya han demostrado los teóricos revolucionarios marxistas, el proyecto de los trabajadores, y la construcción socialista, contraria a otros procesos que se hicieron posible y triunfantes después de ser conformaciones sociales de producción hegemónicas y dominantes, en el modo que le antecede, requiere de manera crucial la cuestión de la toma y el control del poder político del estado burgués, como conducción previo a hacer avanzar las transformaciones sociales y económicas que harían viable y posible las transformaciones sociales y económicas a que aspiramos.

La conquista del poder y la construcción del poder deben ser abordadas como un problema único e integral. Debe ser entendido como dos vertientes de un mismo problema y de un único proceso transformador. Desde el poder constituido es posible empezar a sentar las bases para avanzar hacia el nuevo poder popular, comunitario y constituyente. Venezuela es una escuela de cómo es posible usar la institucionalidad burguesa para avanzar en la construcción del nuevo poder y la nueva institucionalidad. Sin que ello niegue el ello de cómo todo ese proceso está preñado de dificultades de todo tipo, sobre todo valorando que las capacidades de la contrarrevolución tiene un carácter multinacional, y donde el imperialismo como eje motor dispone de recursos ilimitados para fomentar y alimentar la contrarrevolución.

En ese mismo tenor, creo que tiene el mismo efecto desarticulador y regresivo para hacer avanzar dicha estrategia si desdeñamos la posibilidad de actuar en pos de conquistar ese estado y poder burgués. No con la perspectiva de meramente administrarlo, sino con la determinación de implosionar, en la medida que podamos implementar nuestra estrategia de construcción alternativa. Por tanto hay que tener claro que la vanguardia revolucionaria debe incidir en forma dinámica en ambas vertientes referidas a la conquistas del poder y estado burgués para ponerlo al servicio de la construcción de lo nuevo, la democracia directa obrera y popular.

Claro está que avanzar en la construcción alternativa, no requiere esperar la toma del poder burgués, sino que desde la base de la sociedad es posible avanzar en la construcción del nuevo poder obrero, campesino, y popular al servicio de esa estrategia de construcción revolucionaria.

4. Necesidad y Naturaleza de la Vanguardia Anticapitalista

La derrota de las fuerzas revolucionarias con el derrumbe del campo socialista tuvo su impacto no solo en la desfiguración del mito y la utopía socialista, al grado que no fueron pocas las organizaciones de izquierdas y voluntades que fueron cooptados por la ideología conservadora. Ese impacto fue mucho más desgarrador en todo el movimiento progresista, al grado que las principales organizaciones de la derecha liberales, como el PRD y el PLD, fueron cooptadas por el ultraconservadurismo y el balaguerismo.

Las organizaciones y fuerzas sobrevivientes de esa oleada conservadora quedamos reducidas a la mínima expresión, que sumada a los sectarismos y vanguardismos históricos, y la falta de conexión con la sociedad profundizó el aislamiento de las izquierdas a lo largo de varias décadas.

Las luchas recientes, particularmente los esfuerzos y movilizaciones de Marcha Verde, y las luchas y avances del movimiento ambiental contra el peledeísta corrupto generó un despertar y empoderamiento poca veces logrados en la sociedad dominicana, el cual logró ser mediatizado tanto por la carencia de una vanguardia, o la incapacidad de los sectores más beligerantes de lograr niveles de coordinación capaz de asegurarle continuidad al proceso ascendente de movilización, que junto a la coyuntura electoral permitió a algunos importantes sectores a ceder y priorizar una salida mediatizada y pactada con el peronismo, y no la que pudiera derivar de las masas movilizadas.

Esa experiencia reciente muestra la falta de visión y coherencia de algunas izquierdas, que carecen de una estrategia de construcción revolucionaria. Ello evidenció la necesidad de construir una vanguardia que de claridad y direccionalidad en las luchas cotidianas, asegurando su coherencia con la visión estratégica.

Ello plantea la necesidad de construir una vanguardia, sea única o de carácter múltiple, que permita a las diversas fuerzas de izquierda ciertos niveles de coordinación y de diseño estratégico. A ese esfuerzo es posible atraer organizaciones hermanas, que se autoproclaman marxistas y comunistas pero que carecen de esa una visión estratégica que de manera efectiva le de vida a su visión estratégica en el marco de las luchas cotidianas.

Creo que es válida la iniciativa para que desde este espacio del Movimiento Caamañista desarrollemos esfuerzos para contribuir a la reconstrucción de dicha vanguardia. Sabemos que es un reto casi imposible que desde un solo referente se pueda reconstituir una fuerza política capaz de ganarse la confianza y simpatía de lo más avanzado de nuestra izquierda política para constituir una vanguardia única, sin embargo esta iniciativa podría aportar de manera significativa a esa configuración deseada de la nueva vanguardia compartida.

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