Cuando la claudicación y la traición mandan la ideología y los principios Pal’carajo

Por Bienvenido Scharboy

“Nosotros entendemos que, en definitiva, lo que trasciende a la muerte física es lo que la persona haya hecho, lo que sea capaz de dejar, el legado que haya hecho, en esa medida nosotros seremos capaces de ir haciendo que la revolución se mantenga”, Brígido Peguero (Alfredo).

En mi dilatada vida como militante revolucionario, en el pasado tuve la oportunidad de compartir con personas que, en una época determinada, se identificaban de manera furibunda con la ideología marxista-leninista y recitaban de memoria sus postulados, más que muchos evangélicos y católicos predicaban pasajes de la Biblia.

Fueron tiempos de asimilación de la ideología que fortalecía y fortalece a revolucionarios y revolucionarias en el combate frontal contra los enemigos de clase y los templaba como el acero para resistir la represión y torturas de los organismos represivos y de inteligencia del Estado.

Muchos de estos teóricos y teóricas se desarrollaron más que otros/as militantes, pero eran muy individualistas y no compartían sus dotes intelectuales ni motivaban a los y las demás integrantes a cultivar el estudio de la teoría para conocer e interpretar la realidad dominicana y los procesos de transformación que desde una perspectiva marxista y de izquierda se planteaban.

Esos personajes con su discurso embaucador lograban escalar a los más altos cargos de las organizaciones revolucionarias, aunque en muchos casos su único mérito era teorizar, mientras otra parte de la militancia sudaban realizando el trabajo de masas, junto al pueblo.

Había que ver como esos “dirigentes” pregonaban el humanismo socialista, la solidaridad con los desposeídos/as, y con las personas que eran víctimas de discriminación, principalmente racial. Eran tiempos de proclamación de la Revolución Insular, de la eliminación de las fronteras por ser instrumentos de división de los pueblos y de solidaridad militante con los sufridos y sufridas de nuestra vecina nación.

Sin ser religiosos/as; siempre fieles al marxismo-leninismo, vociferaban y predicaban con desparpajo el amor al prójimo, y a quienes obligados por la represión o por la miseria abandonaban sus terruños en busca de mejor vida y hasta les daban albergues y los protegían en nombre del internacionalismo proletario.

En fin, aparentaban ser verdaderos/as humanistas, portadores de un ideal de redención, combatientes por una sociedad en la que “el hombre del hombre es hermano”, sin desigualdad, juraban ser inclaudicables y firmes, como si estuvieran enamorados de un puro ideal, como los venerados de la Raza Inmortal.

Sin embargo, amparados en posiciones justas o no se separaron de las estructuras partidarias de izquierda y al poco o mucho tiempo fueron conquistados por las “mieles del poder”; transigieron en sus principios por prebendas personales. Además, fueron tan cooptados por el sistema y se convirtieron en ideólogos de algunas políticas públicas del Estado, que por muchos años combatieron. Es decir, pasaron de cuestionadores de las injusticias a cómplices de los maltratos contra los que antes fueron sus semejantes.

Hoy con el pecho erguido se pavonean como fieles defensores de agresiones injustas y negadoras de derechos humanos contra poblaciones vulnerables, incluidos maltratos a menores de edad, a mujeres embarazadas y parturientas, por el hecho de ser pobres, negros y de una nación a las que ahora consideran como un peligro, en el fondo ficticio, para nuestro país.

Eso no tiene otro nombre que claudicación y traición a la ideología y principios que sustentaron bajo el manto de izquierda, pero que han devenido en renegados de un pasado del que se avergüenzan y quisieran borrar de su memoria, para no quedar en evidencia como unos/as verdaderos/as farsantes y simuladores/as.

Otros y otras se han pasado a la derecha, pero no han llegado al colmo de negar su pasado y arremeter contra las poblaciones que antes defendían y proclamaban la defensa de sus derechos.

Con este desahogo expreso mi condena a esos/as traidores/as no solo a la ideología y principios que pregonaban, sino, principalmente, a sus propias conciencias.

Advierto a dirigentes y militantes de nuestra izquierda que se han dejado embaucar por este discurso reaccionario y antimarxista, que rectifiquen a tiempo, porque de lo contrario terminarán haciéndoles el coro a estos renegados y renegadas; les seguirán los pasos y al final terminarán en la derecha ultraconservadora y ultranacionalista.  

Al que le sirva el sombrero que se lo ponga y para un buen entendedor pocas palabras bastan.

“Yo he dicho que uno de los principales activos que tiene el movimiento revolucionario es su capital humano”, Brígido Peguero (Alfredo-EPD).

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