La dictadura de las AFP

Por Hugo Cedeño

No es casual que el origen de las AFP fuera durante la tiranía de Pinochet.

En 1980 se creó ese engendro infernal en el marco de los planes neoliberales impuesto a los trabajadores chilenos, del continente y el mundo.

La banca imperialista se apoyó en un hecho cierto; el robo de los fondos de pensiones de parte de los funcionarios gubernamentales y el uso indebido de los gobiernos cuando tenían que tapar déficit presupuestal.

Entonces, vendieron la idea de que el sector privado podría administrar todo el dinero depositado por los asalariados a cambio de una comisión.

Esa comisión está establecida por Ley. Con o sin ganancias en las inversiones que hagan las AFP o frente a cualquier eventualidad económica, su dinero está garantizado, pero no el de la clase trabajadora.

Usted se imagina la cantidad de dinero que ganaron los empresarios chilenos en menos de medio siglo gracias al dictador Pinochet?

Fueron 7 billones de pesos que estos señores administraron mientras los asalariados y asalariadas de Chile reciben pensiones miserables.

Ahí está el origen de sus justas rebeliones contra esos buitres.

La dictadura de las AFP está en que son los asalariados y asalariadas quienes aportan el dinero pero no tienen poder de decidir y controlar algo que es suyo.

Somos hábiles  para producir riquezas.

Pero, según los empresarios y sus gobiernos, para administrar los fondos que depositamos para tener una pensión honorable y a tiempo, somos incultos y torpes.

Esa dictadura hay que acabarla.

No mediante pactos como sucedió con Pinochet.

Los que somos dueños de ese dinero tenemos que pelear por su administración y control democrático.

No puede ser administrado por los capitalistas y sus gobiernos. Tampoco por la burocracia sindical.

Serían los trabajadores y trabajadoras quienes decidan libre y voluntariamente qué tipo de organismo construir  para evitar que se lo roben.

Pero lo primero sería derrotar la dictadura que encarnan las AFP y eso solamente sería posible si creamos un movimiento de masas tan poderoso como el de los chilenos.

Entonces, organizados y movilizados,  arreglaremos la carga en el camino.

Nuestro triunfo va a depender de la fuerza acumulada y el potencial que genera la unidad y lucha entre explotados y explotadas.

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